Opiniones

Despertar Viajando

He tenido la oportunidad de hacer un nuevo viaje a una parte de Europa por un mes: un viaje sin compromisos, eligiendo libremente el itinerario y con espacio para cambiar el itinerario establecido. La única universidad que visité fue la de Coimbra para conocer su hermosa y estupenda biblioteca; no vi colegas aunque si me encontré con amigos con los que hice excelentes paseos.

Viajar me ha permitido, una vez más, remecerme de ese estado de ‘duermevela’ en que habito la mayor parte del año, cuando lo cotidiano de las actividades me consume la mayor parte de mi energía y sólo en contadas ocasiones logro levantar la cabeza con firmeza. El conocimiento de nuevos lugares y la dulce re-visión de otros, me despertó y me puso en la calle unas nueve o diez horas todos los días, para volver al hotel con la cabeza llena de imágenes y las piernas bien cansadas.

Mirar algo por primera vez –nunca había estado en Portugal- es una actividad que me lleva a recorrer, detenerme, tomar el café con los ojos puestos en los transeúntes y no ensimismado en mis pensamientos, advertir aquellos pequeños lugares en los que no repararía si viviera en Lisboa de manera permanente. Deambular por la Puglia –sí, esa que identificamos como la bota de Italia- hizo posible toparme con lugares sorprendentes que contienen y conservan un pasado que se instaló en las calles hace siglos. El viaje adquirió el carácter de visita a pueblos, cada uno con un cuidado centro histórico que en la mayor parte de los casos se mantienen vivos y habitados. Viajar permite recolectar mil impresiones y vistas que amplían nuestro campo visual.

Y como uno es donde es y eso lo anda paseando por todas partes, no deja nunca de pensar en lo propio, por la vía de la semejanza y la diferencia, por la del contraste entre lo antiguo y lo nuevo, por el abismo que se da entre los que se piensan a sí mismos como maduros y consolidados frente a los que aun se definen en términos de novedad y posibilidad de consolidar una manera de ser. Si una residencia fuera de nuestro país nos permite pensarlo mejor, un viaje de un mes nos posibilita entrever y percibir aunque no más sea el perfume de la diversidad.

Un buen viaje debería contar con un antes, un durante y un después. Los años y la experiencia me han convencido de la conveniencia de su preparación, una que no sólo se concentre en los imperdibles de visitar, sino que contenga todos aquellos elementos que posibilitarán una visita más completa y profunda. El ‘durante’ es lo que está garantizado de mejor manera ya que son muchísimos los lugares que tienen una fuerza y atractivo que terminan por remecernos.

El ‘después’ es el que más me ha complejo y sigue complicándome hasta el día de hoy. Vuelvo tan cargado con las experiencias, tantas las interrogantes que se han abierto, tantos los datos y lecturas requeridas para completar lo visto, que necesitaría contar con el mismo tiempo que duró el viaje para completarlo debidamente. Gregorio de Marañón contaba que él podía completar todas las cosas porque no perdía ningún momento del día y que, uniendo todos esos minutos aprovechados, llegaba a sumar dos horas de trabajo más que la mayoría de los mortales Pero, a mi no se me da lo de Gregorio, me flaquean las fuerzas y el ‘duermevela’ empieza a colarse dentro de mi, tanto así que cuando advierto que ya se ha entronizado y me mandungea sin pudor ni vergüenza, sólo logro derrotarlo con la salvadora idea de que tengo que volver a viajar.

Redactó: Nicolás Cruz (Editor de la Página)