Opiniones

Se consolida el rechazo ciudadano a la degradación de la Historia y las Ciencias Sociales

En dos semanas hemos conocido el anuncio del Ministerio de Educación de Chile de disminuir el número de horas dedicado a la enseñanza de la Historia, Geografía y Ciencias Sociales; algunos tímidos apoyos y el rechazo que ha ido cundiendo  en la ciudadanía y que hoy, sábado 27 de noviembre, se ha hecho elocuente  a través de los diarios de mayor circulación en el país.

La decisión del Ministerio de Educación chileno contenía un error de base ya que, partiendo de un diagnóstico negativo en cuanto a la calidad de la enseñanza en matemáticas y lenguaje se ha dado una respuesta por el lado de la cantidad y se ha dictaminado aumentar las horas en esas materias El problema radica en que nada asegura que lo que no se hace bien en cinco horas semanales se hará bien en siete. Pero, y en una conclusión intempestiva y que no tiene ninguna relación con el problema detectado, se ha ordenado disminuir el tiempo de estudio de la materia de historia, geografía y ciencias sociales en un 20%.

La ciudadanía ha expresado un rechazo a la última medida  manifestando que no acepta la degradación de aquella área de los estudios que tiene el encargo de generar una dimensión de pertenencia a una comunidad que se ha formado en el tiempo, a un territorio y al desarrollo en los jóvenes de una serie de habilidades que los forman para la construcción de la convivencia cívica. Los ciudadanos chilenos quizás no sean amantes declarados de este tipo de conocimientos y de la práctica de estas competencias, pero intuyen, en última instancia, que en  sociedades complejas como la actual y la futura, éstas mantienen y acrecientan su importancia. Y es posible que haya algo más concreto e inmediato que fundamenta el  rechazo dado que se percibe que las formas de convivencia social se han deteriorado en aquellos lugares en que los jóvenes participan de manera cotidiana. La materia que se busca disminuir es percibida como un espacio que, bien utilizado, puede constituir un aporte ante esta situación.

Pasando de la ciudadanía a algunas cuestiones centrales de la educación cabe destacar que la decisión ministerial toma distancia con conceptos claves en los que se viene trabajando desde hace ya años a nivel mundial, tales como la transversalidad de los conocimientos y la interdisciplina. Una persona no aprende matemáticas solamente en esa materia sino que en todas aquellas en las que se ejercitan ese tipo de habilidades. Excede las posibilidades de una columna como esta desarrollar el punto, pero basta con decir que en lo que hoy día se entiende por educación tecnológica (la otra materia castigada), los estudiantes son convocados a enumerar, medir, generar y entender secuencias, etc. La interdisciplina, por su parte, intenta prepararnos para afrontar problemas y desafíos que cada vez están más entrelazados. Desde este punto de vista, priorizar dos materias y dejar en la penumbra a otras parece ir en un sentido inverso de lo conveniente. Por lo tanto  lo que conviene es colocar el esfuerzo en la convergencia de los conocimientos y su potenciamiento mutuo.

La educación no es sólo un tema de la escuela sino que es de la sociedad y una reforma educacional ‘en grande’ debe buscar aliados en importantes sectores de ella para logarsusobjetivos. Hoy día los jóvenes están sometidos a un cierto divorcio entre lo que estudian y lo que viven fuera del espacio escolar. Un ejemplo que grafica con claridad la situación es el caso de los medios de comunicación, los que han limitado su participación en el tema a la denuncia de las carencias del sistema educacional sin tomar la decisión de hacer aportes significativos al respecto.

Es probable que el gobierno chileno revise y derogue la medida para dar vía libre a otros aspectos de la necesaria  reforma educacional que le interesa, pero quedará pendiente responder por qué ante el diagnóstico de los escasos logros en matemáticas y lenguaje se optó por castigar a la historia y las ciencias sociales, cuando había otras alternativas como las denominadas horas de libre disposición que han aparecido recurrentemente mencionadas en la discusión. En definitiva, quedará sin respuesta cuáles fueron los motivos de una opción tan desacertada y que ha dejado al ministro Lavín en una posición debilitada en su papel de conductor de la educación y la cultura nacional.

Redactaron: Ana María Valdivieso y Nicolás Cruz