Opiniones

Entrar en el Sur, detenerse en el Norte.

Los conocidos lagos, cerros y ríos del sur de Chile nos obligan al movimiento. Es uno el que navega en los grandes lagos, sube los cerros y se baña en los ríos.  Conocer el sur es ir hacia él, moverse por distintos lugares y dejar el cuerpo en reposo pocas veces. Es probable que el símbolo más profundo y rico de esa zona sean sus bosques, los que se nos van revelando en la medida que ingresamos en ellos, caminamos, sentimos los olores de la madera húmeda y pisamos un suelo que generosamente se va doblando bajo nuestros pies. Nos perdemos y eso nos obliga a detenernos buscando algunas señas que nos permitan volver al sendero.

Con el Norte Grande sucede todo lo contrario. Ahí uno tiende a quedarse inmóvil en un punto, busca lograr la mayor calma interior posible, observa y espera que el norte se vaya haciendo nítido y se acerque a uno, que se nos muestre. Sólo unos pocos escalan sus cerros –toda una empresa vista la altura a que se está con respecto al nivel del mar-; la mayor parte de sus lagos no son aptos para el baño y los caminos conectan puntos muy distantes unos de otros como para hacerlos caminando.

Hay muchos casos a los que podemos recurrir para ilustrar esta manera de instalarse en el paisaje nortino. Quisiera recrearlo con la imagen del lago Chungará.

Este lago tiene dimensiones mucho más amplias (21 kms.; 33 metros de profundidad y está a 4517 metros de altura) que las que el visitante imagina antes de llegar hasta él. Sus aguas se encuentran ubicadas en medio de cerros que conservan una prudente media distancia respecto de las orillas. Algunos de estos están coronados por nieves eternas. Su fauna es abundante y variada ya que encuentran aguas suficientes, y las distintas especies conviven pacífica y armoniosamente hasta donde resulta posible apreciar. Todo sumado, constituye quizás el paisaje más bello del altiplano del lado chileno.

El lago se contempla desde la orilla. Al principio la vista no encuentra bien su foco y va desde las aguas a las orillas, y desde ahí a los cerros y al cielo, volviendo a bajar. Las aves se ven, inicialmente de manera difusa en medio de este vasto panorama. Pero, pasado un rato, todo empieza a calmarse y se aprecian con nitidez cada uno de sus rasgos. Los detalles de los cerros y los volcanes empiezan a cobrar nitidez, en el espejo de las aguas empiezan a percibirse los trozos de cielo y montañas que allí se proyectan, las aves dan la impresión de volar cada vez más cerca de uno mostrándonos los detalles de sus desplazamientos. Es cosa de saber esperar con quietud y darse el tiempo necesario.

El silencio es el otro actor que está en el Lago Chungará y se hace presente en la casi totalidad del altiplano. Puede pasar un largo rato en el que solo escuchemos el viento permanente en la zona. Es un ruido apagado que se esmera en no meter mucho ruido a pesar de que transporta uno de esos fríos que se cuelan por la ropa y asalta de manera directa. Las aves parecen haber aprendido la lección y se desplazan de manera silenciosa, las montañas y el cielo también hicieron lo suyo y están ahí tranquilos y mudos (salvo en el invierno boliviano, por cierto). ¿No estaremos exagerando? La respuesta se puede encontrar luego de una mirada detenida a la fotografía que acompaña estas palabras. En ella están todos los elementos que hemos señalado, y debemos destacar que todos se combinan y relacionan para lograr el efecto que hemos descrito.

El silencio ha ido creciendo y ganando terreno en el altiplano durante los últimos años. Desde las amplios espacios naturales se ha dirigido a los pueblos que han sido abandonados por quienes los construyeron y habitaron por siglos. Las comunicaciones, las carreteras que el progreso y la actividad minera han construido, el llamado muy fuerte de la educación que se imparte en las ciudades y la creencia de que será en ellas donde encontrarán mejores posibilidades, han hecho de que las familias pongan un candado a las puertas de sus viviendas y se marchen hacia la costa, volviendo una vez al año para las fiestas. Se ha interrumpido así una forma de vivir y de trabajar en el altiplano que se extendía desde tiempos inmemoriales.

(Nota: en la sección En Imágenes, de esta página, encontrará próximamente un documento dedicado a un viaje reciente que hemos hecho por algunas caletas y ciudades den Norte, así como al altiplano).

Nicolás Cruz