Opiniones

Valle del Río Hurtado, ser o no ser

Redactó Nicolás Cruz, editor de historiaycultura

 

Para quienes no lo conozcan, el Valle del Río Hurtado se encuentra en la parte norte de la provincia del río Limarí. El valle se adentra hacia la cordillera y su vida está relacionada de manera directa con el pequeño río que lo cruza, vitaliza de manera moderada, introduciendo verdor en su paisaje de pre cordillera. Siguiendo su curso se alinean unos 22 poblados rurales de pequeña dimensión. La actividad de los lugareños es la agricultura (vides, paltos, olivos y la actividad caprina de la que surge su industria de quesos de cabra, el producto de exportación más conocido y saboreado). La vida de estos pueblos pulcros parece tranquila, segura (ellos insisten mucho en este punto y ven con horror las noticias que son transmitidas desde Santiago),  y de una pobreza digna. Sus cielos despejados durante la mayor parte del año ofrecen calor durante el día y un paisaje extraordinario durante las noches. Junto al canto incesante de los grillos quienes parecen despertarse en cuanto se va el último rayo de sol, las estrellas se toman el firmamento y campean a sus anchas. En sus observatorios se puede afinar la mirada
           
Como sucede en los lugares pobres o con una riqueza limitada, el Estado tiene una presencia fuerte a través de sus redes de servicio y asistencia. El pueblo de Pichasca, por ejemplo, cuenta con un consultorio de mediana proporción (para los exámenes hay que ir a Ovalle o a La serena), una escuela con su internado, un retén de carabineros que quedó en el suelo con el último terremoto y que será trasladado a otro pueblo del lugar. En los pueblos cercanos se encuentran oficinas  del registro Civil, cajas del Banco Estado, etc. Igual como pude apreciar en un viaje anterior al Altiplano, la presencia estatal es fuerte e importante.
           
Los poblados del Valle del Río Hurtado experimentan la misma tensión que todos los lugares del territorio en torno a la posibilidad de desarrollar el turismo y captar la serie de recursos que esta actividad genera. Y en torno a este tema se encuentra dividida la opinión de sus habitantes. Crecer en esta área –algo que será siempre limitado debido a las características geográficas- implicaría ganancias, así como la pérdida de la identidad actual. En cierta medida pasaría lo mismo que ha tenido lugar en el Valle del Elqui, un espacio ultra explotado y que ha empezado a ver como el número de visitantes disminuye año a año y muchos se quejan de su condición excesivamente turística. La ciudad de Vicuña, por mostrar un ejemplo, se encuentra congestionada, polucionada y evidencia los síntomas de stress ciudadano que caracteriza a tantos lugares medianos y grandes del país. Es probable que en un tiempo más, ‘las masas turísticas’ desvíen su atención hacia otros rumbos y este lugar quede abandonado a medio camino, como tantas modernizaciones fallidas que vemos en Chile.
           
Personas en Valle Hurtado proponen ‘exportar el valle’ más que abrirlo. Para esto piensan en la formación de cooperativas que promueven la producción de un que queso de cabra de calidad que pueda llegar a todas los lugares donde se le demande. Y postulan la conveniencia de que las vides sean trabajadas por estándares de calidad común y que la producción pueda alcanzar un impacto mayor del que tiene actualmente en la industria pisquera. La observación astronómica podría experimentar un crecimiento y desarrollarse también como una zona de educación popular. En fin, señalan ellos, se podrían hacer muchas cosas. 
           
Pero, siempre serían pocas y la oferta será siempre limitada. Esta es la tensión que recorre a los poblados de Río Hurtado, su ‘ser o no ser’, diríamos.