Opiniones

Historia e Interdisciplina: una nota

Redactó Nicolás Cruz, editor de historiaycultura

 

La historiografía vive una crisis de bastante importancia en estas décadas de posmodernidad. Por una parte, se trata de una de las primeras épocas en que la sociedad del presente no parece requerir contrastarse con algún tiempo anterior para afirmar su especificidad, tal como lo hicieron los renacentistas con la antigüedad, los conquistadores de casi todos los tiempos con Roma antigua o los modernos con Grecia antigua, solo por colocar algunos ejemplos. La posmodernidad ha buscado entenderse a sí misma a partir del quiebre con todo lo anterior y considera que sus características son suficientes para encontrar explicaciones.
           
Por otra parte, asistimos y participamos de una crisis del relato histórico tal cual lo hemos entendido durante los siglos recientes. Con esto no me refiero tanto a los quiebres con la narración explicativa del pasado con los aspectos político, militares institucionales, puesto que a partir del período de entreguerras del siglo pasado se han cultivado formas y temas bastante diversificados con respecto a estos ámbitos. Apunto, en cambio, a una modificación central que ha consistido en la superación de aquella convicción extendida entre las disciplinas  de que podían dar cuenta de la totalidad, manteniéndose en sus límites parciales. Esta fue una certeza que animó a la historiografía hasta hace muy poco y que sigue teniendo cultores más o menos decididos hasta nuestros días. En síntesis: los problemas que le planteamos al pasado son competencia de los historiadores. Hoy por hoy, no hay ninguna disciplina que pueda aspirar a dar cuenta de la globalidad de un tema importante sin integrarse con otras en la búsqueda de una posible respuesta o solución.
           
La crisis de la historiografía tiene la particularidad de no saber cuál puede ser su uso y sentido actual, y no es para menos si tenemos cuenta el carácter posmoderno que le asigna irrelevancia explicativa a lo acontecido en el tiempo. Se ha establecido así un contraste con la época moderna en que los usos de la historia estaban identificados con claridad. Es cierto que hoy se mira con reservas la historia básicamente política que fijó su atención en los actores las esferas públicas, pero en los tiempos de la construcción de los estados nacionales, las investigaciones y libros de historia tuvieron un papel importante en ese proceso, y los historiadores supieron cumplir su cometido. Los muchísimos Fustel de Coulanges que hubo en tantos países, tenían una claridad bastante meridiana de su tarea, métodos y formas para llevarlos adelante.
           
La posmodernidad, que parece descartar los relatos lineales y disciplinarios, propone e impone temas que son relevantes para el tiempo actual, y en ellos la historia (en cuanto dimensión del pasado) tiene una voz que hacer presente, como cualquier otra disciplina, siempre que se integre con aquellas que se encuentran avocadas al mismo tema o problema. Es en este quehacer interdisciplinario que sus resultados adquieren  validez e importancia.
           
La interdisciplina radica fundamentalmente en los temas o problemas que se plantean y en la extensión con que nos decidamos a abordarlos. En el caso del trabajo de los investigadores de historia, la complejidad y riqueza de los temas parecen tener recepción teórica desde hace ya cierto tiempo, aunque el traspaso a la práctica investigativa y reflexiva interdisciplinaria tenga mucho menos concreciones. Hay un ejemplo que se puede presentar y que resulta aclaratorio: la memoria. La investigación histórica se ocupa de este tema y lo trabaja de manera especial por lo que respecta a la memoria de comunidades y como construcciones de grupos alternativos o contrarios a lo que se denomina la ‘memoria oficial’ impuesta desde arriba. En una parte no menor de estas aproximaciones predomina un enfoque principalmente de tipo histórico que hace abstracción de otros componentes fundamentales del problema de la evocación, campo en el que la neurociencia, la psiquiatría, la sociología, entre varias otras, han hecho aportes importantes y desarrollado métodos bastante sofisticados para conocer sus formas de funcionamiento. Lo central para los efectos de nuestra línea argumental radica en el hecho de que la interdisciplina se constituye en relación a  la extensión del problema planteado.
           
Señalar que la aproximación debe derivarse de los temas de trabajo, pone la luz más intensa en un punto distinto al de la centralidad del investigador o analista social, aproximación que ha primado hasta ahora. En efecto, hasta hace muy poco primaba la idea de que lo primero debía ser la formación de una mentalidad interdisciplinaria y que sería esta la que luego, por consecuencia natural, realizaría aproximaciones de fusión. Otra posibilidad es la que hemos esbozado aquí donde el tema es el convocante y articulador de la mirada integradora. Una cosa, en todo caso, suma a la otra.