Opiniones

Ficción e Historia, a propósito de la reciente novela de Carlos Franz

Redactó Nicolás Cruz, editor de historiaycultura

 

“Las libertades que el autor se tomó con la vida y la obra de Darwin y Rugendas lo obligaron a realizar investigaciones para poder mentir con más propiedad”, señala Carlos Franz en los “Reconocimientos” que incluye al final de su novela Si te vieras con mis ojos (Alfaguara, 2015). Esta declaración lo acerca a Vargas Llosa y su conocida sentencia al respecto, pero también lo distancia: lo que funcionó bien en La Guerra del Fin del Mundo, no resulta de la misma manera en Si te vieras…Franz no hace ficción de una realidad que es conocida y bastante fuerte en sí, sino que tomando unos nombres de viajeros (Rugendas y Darwin) los transforma y les crea una historia en que sus personajes  se llaman igual que el pintor y el naturalista, pero tienen poco que ver con ellos. Y Carmen Lisperguer, la figura femenina de la novela, tiene algo de Carmen Arriagada, pero transportada a Valparaíso y exacerbada en su pasión afectiva. Al final, ni una es Carmen, ni el otro es Darwin, ni el último llega a ser Rugendas.

Todo lo anterior se da en una novela muy bien escrita y que atrapa al lector, enfrentándolo a personajes dinámicos, escenarios descritos de manera atractiva, pasiones intensas, de modo que no está ahí lo que establece la distancia entre la obra y el lector. La separación se encuentra en que aborda personajes de la historia, haciendo caso omiso de quienes fueron durante su s existencias, entrando en colisión con aquello que sabemos de ellos. Una buena novela con los personajes equivocados. No seguiré explorando los motivos de la elección del autor porque deseo pasar a otro punto.
           
Si te vieras con mis ojos no funciona como su modelo declarado. La novela de Vargas Llosa nos ofrece una de las versiones posibles de la guerra que tuvo lugar en Canudos, y tiene mucho de haberse introducido por las rendijas a las que la historia documentada no tiene acceso. Se encuentra ahí un ejercicio de ficción que explora hasta las últimas posibilidades y consecuencias un argumento al que solo un novelista puede llegar.

Ambas obras nos ponen frente a ese difícil enamoramiento entre historia y ficción y en el acercamiento entre ambas. Pero ese romance tiene como fundamento algunas reglas básicas, y una de ellas consiste en el rechazo del uso banal  de la historia, como si esta fuese un baúl del que se pueden extraer retazos que no juntan entre sí. La obra de Carlos Franz –que he leído con deleite- habría ganado si los nombre de sus personajes hubiesen sido tan ficticios como la historia que se narra.