Opiniones

Allende

Redactó Nicolás Cruz, editor de historiaycultura

 

El documental Allende, mi abuelo Allende (Marcia Tambutti, 2015) reconstruye la figura de Salvador Allende a partir de las memorias de sus familiares: Tencha Bussi, dos de sus hijas y varios nietos del ex presidente. La trama nos refiere lo sucedido con sus familiares luego de la muerte de Allende, y cómo estos, marcados por el hecho trágico del 11 de septiembre de 1973, no se habían juntado para elaborar una memoria común de quien se convirtiera en el ‘ícono’ de la familia. Algunos entre los más jóvenes tampoco habían realizado el proceso de forma personal.
           
Hace un año, por otra parte, se estrenó la película Allende en su Laberinto (Miguel Littin, 2014). Tuvo una escasa audiencia de público y su contenido ha sido visto con simplicidad, señalándose que intentaba hacer de la figura del presidente “carne para estatua”. Pero, tanto el film de Littin como el documental de Tambutti abordan el tema de la muerte de Allende y sus consecuencias, dejando en la sombra lo que fue el gobierno de la Unidad Popular. Son aproximaciones realizadas hacia un hombre que se instaló de manera permanente en la memoria chilena (de los otros presidentes de Chile en el período anterior y posterior no se han realizados trabajos de este tipo). Y esta memoria se puede relacionar con la figura del mártir, un argumento que siempre tiene fuerza y despierta un reconocimiento.
           
Tanto la película de Littin como la de Tambutti no proponen nada definitivo respecto de la figura que tratan. El primero de ellos presente a un presidente aislado dentro de la Moneda, un abandonado de las fuerzas sociales y políticas que habían dicho en todos los tonos que jamás lo dejarían solo. Cuando vi Allende en su Laberinto tuve la impresión de que la izquierda no aceptaría la visión propuesta por el director y que no estaba en condiciones de aceptar sus responsabilidades. La derecha, desde una mirada maniquea, no ve películas sobre este tema y tiene un juicio previo totalmente armado al respecto (Sobre este punto resulta ilustrativo leer los comentarios que han circulado en las redes sobre ambos filmes, tanto en Emol como en el diario electrónico de la Radio de la Universidad de Chile, “la radio que piensa”).
           
Allende, mi abuelo Allende es un documental que muestra la debacle que experimentó la familia del presidente muerto, y como ese hecho ha determinado la vida de cada uno de sus familiares a lo largo de más de cuarenta años. No lo hace para ensalzar a la figura, si no que para escudriñar en los efectos y relaciones entre sus descendientes directos. Y lo lleva adelante con crudeza y sin permitirse, hasta donde eso sea posible, mayores concesiones. Así por ejemplo, cuando el documental ya está avanzado y el espectador comienza a sospechar que no se va a tocar el tema de Miria Contreras Bell (‘La Payita’), secretaria personal de Allende y uno de los grandes amores de su vida, Marcia Tambutti (directora del documental, hija de Isabel Allende y nieta del ‘Chicho’) aborda a una Tencha Bussi muy mayor, tendida sobre su cama, asistida por un tubo de oxígeno, en un visible estado de debilidad, y le pregunta al respecto. Ella dice varias cosas, entre otras que siempre lo había sabido y que esa relación fue larga, y “yo sufrí mucho”. Marcia Tambutti fue audaz al preguntar, Tencha Bussi fue valiente al contestar, y algunos de los miembros de la familia, especialmente Isabel Allende, fueron cautos al oponer resistencia a que la investigación trizara aquella frágil explicación que la familia había acordado para poder sobrevivir. Una explicación que se daba con fuerza y convicción en la escena pública pero que se mantenía en semi silencio al interior de las vidas y casas de cada uno.
           
Los mártires van adquiriendo una fuerza propia en la medida que pasa el tiempo, no obstante su contexto empiece a desdibujarse. Un gran número de chilenos puede decir algo sobre el presidente Balmaceda, aunque no tenga claridad sobre las luchas de su tiempo. Con Arturo Prat sucede algo similar. En uno y otro caso pasa algo similar a lo que ha empezado a suceder con la memoria sobre Allende. Lo que conserva la memoria e interesa a la gente es, parafraseando al propio Allende, el rescate del gesto heroico de aceptar la muerte y despreciar la vida, ese mensaje de que puesto en un trance histórico se paga con lo más valioso que la mayor parte de los humanos consideramos tener. La memoria, valga la redundancia, ha iniciado ese proceso selectivo que reivindica el allendismo sin por eso hacer lo mismo con lo que fue la Unidad Popular.