Opiniones

Gabriel García Márquez

Redactó Nicolás Cruz, editor de historiaycultura

Con mi amigo Patricio Huidobro figuramos entre los primeros lectores de Cien Años de Soledad.

Estábamos en el colegio y comprábamos libros a medias en una librería en la calle Irarrázaval a pasos de Pedro de Valdivia -hoy, por cierto, desaparecida-.

Fue el librero quien nos recomendó la obra que acababa de llegar y le hicimos caso. La leímos con extrañeza y gusto creciente, volvíamos a las páginas anteriores cuando se nos confundían los personajes y las situaciones.

Quizás figuramos entre los primeros chilenos que nos dedicamos con minuciosidad a hacer un árbol genealógico de los Buendía (que no nos sirvió de nada cuando lo terminamos). Fue una gran lectura y tuvimos el honor de que Gabriel García Márquez entrara de nuestra mano al pequeño colegio al que asistíamos.

Cien años de soledad representó una fiesta de lectura, y dado el afecto permanente que hemos mantenido Patricio y yo, tiene también algo del grato sabor de la amistad.

Con El amor en tiempos del cólera las cosas fueron un poco distintas. Estaba enamorado de una buena lectora y leímos juntos el libro.

¡Qué historia tan bella y triste la de esos dos enamorados a lo largo de una vida que no llegaba nunca a su fin!

Una historia tan bien contada  que el placer consistía en leer y repasar algunos pasajes más que avanzar en busca de un desenlace que no nos importaba tanto. Fue en esa ocasión que me convencí de que un libro puede tener olores, sabores y sonidos.

No desarrollaré aquí la línea de mi novia lectora porque "la luz del entendimiento me hace ser muy comedido", y porque en un momento de lucidez, ella me dio un gran chute. En ese momento me dolió mucho, ahora tantos años después me duele un poquito menos.

El recuerdo de esa primera lectura del Amor...siempre me traerá a la memoria aquel baño en ese tipo aguas rudas que hacen que duela la piel.

La Crónica de una muerte anunciada la leí estando sólo una noche fría e mi casa en Santiago. Lo hice de un tirón en unas pocas horas. Me maravillé con esa historia tan absurda que resultaba perfecta. Me divertí  en varios pasajes con las mujeres recatadas y fuertes y con los borrachos que participaron en la fiesta del matrimonio trágico.

En ese momento no sabía que en un día muy cercano, y probablemente a una hora parecida en Buenos Aires, Osvaldo Soriano también había leído el libro de un tirón. Pero él era un escritor y buen articulista por lo que puso sus impresiones por escrito, destacando que la Crónica...no se caía nunca y que se sostenía como una gran magia contra todo sentido de realidad respecto de lo narrado.

Conocí a Soriano en Buenos Aires un tiempo después y le comenté la coincidencia de nuestras lecturas, cosa que el consideró como un motivo más que suficiente para que nos juntáramos a conversar, comer y tomar, cosas que hicimos con disciplina y concentración. Nunca olvidaré que en un momento levantó la vista, me miró fijo y comentó que a él lo quería el público pero que la academia lo había castigado con una indiferencia total. Eso, agregó, es un exilio que resulta duro de sobrellevar.

Las veces que preguntado al respecto me han dicho que para Soriano aún no ha llegado el desexilio.

He leído a Gabriel García Márquez desde que tenía unos dieciséis años. Aquí y allá he vuelto a sus novelas, también lo he hecho con sus cuentos.

Por este expediente nos hemos convertido en compañeros de toda una vida, aunque uno de los camaradas de caminata nunca llegara a tener la menor sospecha de esta relación.

Ahora, en todo caso, es tarde para que pueda saberlo. Seguro que esto mismo le ha sucedido a tantos otros.