Opiniones

Fernando Castillo Velasco

Por Nicolás Cruz, editor de historiaycultura

Esta ciudad que amo tanto [Santiago], deberíamos recorrerla a paso humano, a paso de caminante”, escribió Fernando Castillo en sus Lecciones del tiempo Vivido (Catalonia, 2008). Forzando las palabras pero sin  traicionar la idea de fondo, podríamos extender el concepto a una idea de la vida habitada humanamente en comunicación con los otros habitantes, en los barrios, en los espacios que pueden volverse centros de encuentro común a través de las palabras. Esta fue la característica central que destacó Humberto Giannini cuando se vio forzado a decantar y describir a Fernando Castillo en el menor número de palabras posibles.

Y, en efecto, se trata de una tarea difícil ya que Castillo Velasco destacó en varias áreas: alcalde de La Reina en varias oportunidades, una comuna que todavía conserva los resultados de sus variados proyectos y cuyo recuerdo está en la memoria de mucha gente de la comuna; arquitecto reflexivo sobre las formas de habitar; profesor universitario y Rector de la Universidad Católica; gestor de muchos proyectos de viviendas que apuntaban a posibilitar la formación de comunidades (Villa Portales en la década de 1950, junto a otros; las casas de 1620 familias de escasos ingresos en La Reina, y la Villa de la UC y las ‘Comunidades Castillo Velasco’, y varias otras) e impulsor de la Universidad ARCIS. En cada una de estos quehaceres dejó una impronta que ha perdurado y que dejan a la vista su inteligencia y dedicación. Llama la atención esta capacidad para destacar en actividades distintas y que requerían de diversas habilidades. Por cierto que esto  no es lo común.

Pertenezco a la comunidad de la Universidad Católica. En ella nombre de Fernando Castillo es una mención constante entre los profesores y los administrativos, pese a que dejó de ser rector hace cuarenta años. Los estudiantes tienen curiosidad por saber quién fue el hombre que ha empezado a volverse una figura mítica en la memoria de la UC. Y uno puede decir que fue el rector de la Reforma y un diseñador de la nueva etapa de una  universidad cristiana de marcada vocación social, que hizo todo esto de manera eficiente, y que cuando lo expulsaron de la rectoría, esta se encontraba en una etapa de crecimiento y con una administración sana y vigorosa. Si, puede decirse todo esto y varias cosas más, pero lo que se rescata es la forma en que hizo las cosas, su discurso y consecuencia, su sencillez, en fin, su integridad.

La diversidad de actividades que podría llevar a cualquiera a la dispersión se vio relacionada y ensamblada por la reflexión de algunas ideas matrices que mantuvo y profundizó a lo largo de su vida, tales como la dignidad de la persona a partir de su visión cristiana, la imperiosa necesidad de la integración como requisito de una vida que intentara sobrepasar los niveles de subsistencia, la imperiosa necesidad de contar con las condiciones para desarrollar las potencialidades interiores del ser humano.

Las comunidades recuerdan algo por algún motivo. La Universidad Católica de Chile ha cambiado muchísimo en los últimos cuarenta años. A modo de ilustración, cabe recordar que Fernando Castillo inauguró el primer magister (Economía Agraria) en una casa de estudio donde hoy se imparten más de trescientos. Pero, en medio de las diferencias, hay algo que se rescata y reconoce, y en este caso parece relacionarse con las “lecciones de humanidad” que alguien representó y encarnó en un determinado momento. En la batalla de la memoria se deja en la sombras y se olvidan varios aspectos para focalizarse en uno o dos que se destacan como centrales. El ‘personaje’ Fernando Castillo que hemos construido recuerda la visión social, la imaginación y su valoración del ser humano.