Opiniones

Leyendo la India de Rushdie

Por Nicolás Cruz, editor de historiaycultura

Hijos de Medianoche de Salman Rushdie es su novela mayor dedicada a la India. Con sus casi 800 páginas que recorren la vida de Saleem Sinai a partir de la medianoche del día en que se independizó la India, su lectura implica los desafíos que conlleva acercarse e intentar sumergirse en un gran fresco en el que figuran una gran cantidad de personajes, sentimientos y situaciones diversas. Todo lo anterior se da en ese fondo que es la historia de  una república joven que surgió el 15 de agosto de 1947 en el seno de una de las culturas más antiguas de la humanidad.

Lee esta suerte de La Guerra y la Paz india implica una serie de desafíos al lector. El primero de ellos es hacerse del tiempo para abordar esa cantidad nada menor de páginas  bien rellenas que presenta Rushdie y en las que se van entretejiendo una serie de historias que se desenvuelven en forma esporádica, volviendo a parecer cuando uno ya las había olvidado. Se requiere, además, de un tiempo continuado que nos permita mantener una suerte de ‘temperatura lectora’ que haga posible mantener en la mente los varios hilos en los que figuran personajes que son llamados de diversas maneras y  presentados en distintos momentos de sus vidas sin un orden cronológico. De Saleem Sinai conocemos la historia de sus abuelos y de sus padres, la suya y la de su generación hasta que se acercan a los cuarenta años de vida, y a través de ellos la de uno de los territorios más poblados del planeta desde siempre.

Leer los Hijos de Medianoche implica agudizar nuestra curiosidad y nos impulsa a  derivar, con relativa frecuencia, a revisar la historia de la India del período e intentar relacionar todos aquellos conocimientos que poseamos –las más de las veces pocos- sobre el tema. Porque la India que presenta Rushdie es la historia de un fraude que se fraguó la noche misma de la independencia, cuando la matrona encargada de los nacimientos convirtió al hijo de una campesina pobre en otro que pertenecería a una familia de profesionales más o menos bien posicionados dentro del nuevo país. Junto a los hombres de la familia figuran las mujeres que son las que hacen la historia y la llevan, cuando pueden, adelante  de acuerdo a sus intenciones e intereses. El drama permanente de la nueva república es creer ser una cuando en la realidad es otra desconocida y que ya fue abandonada en su inicio.

El fraude inicial aparece como un anticipo de la capitulación general que representó esa India que olvidó su programa inicial que contenía también un mensaje mundial a través de la ‘tercera vía’ que proponía una alternativa ante la bipolaridad de la Guerra Fría: “¡Hermanos, hermanas! –transmitía yo, con una voz mental tan incontrolable como su réplica física-. ¡No dejéis que esto ocurra! ¡No permitáis que la eterna dualidad entre – masas- y clases, capital-y-trabajo, ellos-y-nosotros se interponga entre nosotros! Nosotros –grité apasionadamente- debemos ser una tercera vía, debemos ser la fuerza que se abra paso entre los cuernos del dilema; ¡porque solo siendo distintos, siendo nuevos, podremos cumplir la promesa de nuestro nacimiento!”.  Pero nada de esto terminó por suceder ya que el paso del tiempo fue “como si los pantalones largos estuvieran destruyendo lo que la medianoche [la Independencia] creó”.

La novela de Salman Rushdie contiene una visión ácida de una sociedad en que alguien, o algún grupo, tomaba las decisiones que impactaban decididamente sobre una población que no era consultada ni tenida en cuenta. De ahí que los llamados grandes hechos de la India, sus guerras, la dictación de los planes quinquenales, el asesinato de Gandhi, las decisiones políticas consultadas con los astrólogos, las guerras de las nuevas fronteras, todos aparezcan de repente, casi por sorpresa, e interfieran en las vidas de quienes pasan a ser sus víctimas.

¿Qué pasó o complotó para que la promesa no se llevara a efecto y qué tras el primer momento de mística y entusiasmo todo empezara a volverse normal y el país experimentara los problemas de cualquier otro? Mirando las cosas con calma y perspectiva, señala Rushdie, la respuesta estaba escrita desde antes de la Independencia y había que buscarla en la britanización voluntaria de las élites indias, no solo a través de los estudios universitarios realizados en las universidades más tradicionales de ese pequeño y distante país rodeado por el mar, sino que a través del cultivo de los jardines  de estilo inglés y de la observación, casi religiosa, de la hora del cocktail, del uso sin esfuerzo del acento de Oxford y la imitación de la forma de hablar inglesa, tanto así “los hombres de negocios de la India se estaban volviendo blancos”.

Élites, por una parte, y la enorme población por la otra, esa gran masa que no leía ni  escribía en su inmensa mayoría y que seguía reproduciéndose de manera incansable; la ciudad del gobierno central, por un lado, y las varias ‘pequeñas repúblicas’ dispersas a lo largo del territorio y que seguían respondiendo a costumbres ancestrales aunque ya no tuviesen maharajás que las gobernaran. Fueron los ingleses quienes, ante la diversidad y variedad de gentes y partes del territorio, decidieron conjugar el territorio en singular y equiparlo de acuerdo a este concepto, tal como le dice Mr. Methwold al padre de Sallem Sinai: “Reconocerá que no éramos tan malos: les hicimos carreteras. Escuelas, trenes, un sistema parlamentario, todo cosas que valen la pena. El Taj Mahal se estaba cayendo a pedazos hasta que un inglés se molestó en ocuparse de él…” Y el gobierno de la India mantuvo y acrecentó la conjugación de la India en singular , una tarea titánica que no se ha logrado ni siquiera ahora luego de poco más de 75 años de independencia.

La India de Rushdie requiere de nuestra concentración y dedicación para captarla en la enorme variedad de historias que contiene. Tiene, se ha dicho, un recurso al realismo mágico, pero también es heredera de Tolstoi, una figura por el que el Mahatma Gandhi sintiera admiración y cuya sencillez de sus últimos días fue conocida entre los indios. Rushdie llevó el ejercicio de la crítica con profundidad y valentía, generando molestias, críticas y demandas cuando Hijos de Medianoche apareció en 1980, siendo la más famosa la que le interpuso en los tribunales Indira Gandhi.