Opiniones

Las Fuerzas Especiales de Diamela Eltit

Por Nicolás Cruz, editor de historiaycultura

Hay un mundo encerrado del cual casi nadie sale y en el que se habita en bloques de edificios de cuatro pisos compuestos por departamentos de 30 metros que solo se diferencian por las rejas con las que los habitantes han establecido una segunda clausura protectora de sus vidas. Ahí dentro viven y padecen los personajes de la nueva novela de Diamela Eltit Fuerzas Especiales (1). Ese mundo es el de los que habitan en los márgenes del sistema y donde éste no exhibe casi ninguna de sus riquezas y diversiones que lo hacen gradualmente tolerables para quienes residen en algunos puntos que se aproximan al centro.

Casi nadie sale de ahí porque sus perspectivas se han estrechado de tal manera que han perdido el ánimo de hacerlo y tienen la conciencia de que sus domicilios son “pasillos cárceles en los que no nos amotinaremos jamás”. El esfuerzo lo hacen en el sentido inverso, dedicándose y concentrándose hacia los más cercanos, aquellos miembros de la familia que no han sido abducidos por la policía o por las instituciones de caridad/asistencia que  ocasionalmente se ocupan de ellos, y hacia los amigos de los bloques vecinos. Se trabaja, en lo que se puede, para ese objetivo y así se va sacando la carga adelante día a día con los ingresos reducidos que se logran.

No se sale de la periferia porque ella está custodiada por las policías que han recibido, según se deduce, un encargo muy claro en este sentido. Para ser más específicos, deben haberlo recibido los jefes, porque los ‘pacos’ y los ‘tiras’ que operan día y noche durante todos los días no tienen idea de los motivos de su represión. Solo saben lo que hacen y tienen la certeza de que no son reconocidos por sus acciones como correspondería, esto es, no les pagan lo que consideran debido, y eso es incómodo porque los obliga a reprimir más veces y con mayor dureza para hacerse acreedor a un bono o una gratificación. Quizás alguien, ubicado en algún lugar, diseñó un modelo de represión que se implementa y constituye el día a día de ese conjunto de edificios, tal como sucederá en los aledaños y en los otros similares aunque más distantes.

Algunos logran salir  por un rato a través del internet al que acceden en un ciber café, medio ciber y medio pantalla para el comercio sexual que cada uno práctica de acuerdo a su inclinación y posibilidades. Este es el otro espacio donde pasan buen parte del tiempo los habitantes de los bloques. Pero, desde el punto mayor de la reducción transitan a las pasarelas de la moda mundial que encuentran en las páginas favoritas, por ejemplo, de la joven que es el personaje central de la novela de Diamela Eltit. Y en torno a las modas de los vestidos, a los blancos trajes de novia, los guantes, etc., la personaje opina con bastante agudeza y advierte detalles que pocas y pocos observadores captarían. Piensa que si quizás hubiese nacido más cerca del centro, o si lo hubiese hecho, aleluya, en el centro mismo, sería ella la que estaría dictando la moda por las pantallas y dominando las más importantes pasarelas del mundo. Pero no, ella y sus amigos nacieron y viven en unos pequeños departamentos que la policía amenaza con allanar de manera constante, a propósito de nada y para nada.

Si nadie puede salir físicamente, ninguna persona puede entrar. Sería una locura querer hacerlo y, en todo caso, ahí estaría la policía para impedirlo. Los habitantes de los márgenes del sistema son invisibles para el resto. De ellos se escuchan ecos fugaces, relacionados las más de las veces –todas las veces en realidad- con acciones de violencia o con la trasgresión a aquellas normas básicas de la vida civilizada, tales como el maltrato infantil o abandono de los enfermos. Solo en ocasiones como estas la vista de la sociedad se distrae hacia ellos por un tiempo reducido, distracción de la que en el mejor de los casos se puede decir que “…no cedió por aproximadamente cuarenta y ocho horas”.

Hay algo interesante y perturbador en el lenguaje a través del cual se expresa la joven protagonista de la novela en su extenso monólogo. Es un lenguaje culto, bastante en algunos momentos, muy preciso en la descripción de sentimientos y situaciones. Se trata de  la opción de una autora a la que se reconoce que una de sus fortalezas se ubica justamente en este plano. Y la opción resulta, funciona muy bien y conlleva la posibilidad de pensar otras posibilidades de lectura de la novela. El lenguaje utilizado permite que la experiencia muy acotada y particular de esos personajes adquiera un carácter que trasciende lo que podría haber sido una muestra de literatura de ghetto.

Por la vía del lenguaje utilizado es que Fuerzas Especiales puede ser, de manera simultánea, la novela sobre los habitantes de los márgenes físicos de la ciudad, pero también puede constituirse como el relato de la reducción interior que experimentan los partícipes en el sistema de consumo en su sentido más amplio y general. En esta otra posibilidad de lectura la marginalidad crearía sus propios límites intangibles e interiores, sus aspiraciones y temores, sus formas de vida y degradación. En fin, para pensarlo a propósito de la lectura de esta obra.

(1) Diamela Eltit (junio 2013) Fuerzas Especiales, Seix Barral Biblioteca Breve.