Opiniones

El Viaje de Luis Carlos

El historiador y amigo de tantos años Luis Carlos Parentini ha dado inicio a lo que espera que sea un fabuloso viaje de tres años en un motor home medio hechizo y que lo debiera llevar en una primera fase hasta Alaska, para luego, en un segundo movimiento, ingresar por Asia hacia el amplio y dilatado Oriente. Nos ha contado que espera pasar los próximos tres años rodando todos los caminos posibles, teniendo todas las conversaciones con extranjeros que pueda, mirando, conociendo y disfrutando la vida.

Luis Carlos ha estado enfermo desde hace varios años. La gravedad de su enfermedad ha cambiado según las más diversas circunstancias, y en varias de sus crisis ha terminado en operaciones largas y complejas. En la última, los doctores, simplemente, no pudieron cerrarle la tráquea y él no podía hablar ya que perdía el aire por el orifico en su garganta. A partir del momento mismo en que se produjo esta situación, comenzó a fabricar con sus propias manos la más variada y prodigiosa cantidad de prótesis: una fallaba por esto y la otra por eso otro, pero finalmente resultó y pudo recuperar el habla casi totalmente. Los médicos lo miraban verdaderamente asombrados. Y al igual que el famoso coronel de García Márquez, quien mientras confeccionaba pequeños peces recordaba la guerra, Luis Carlos, mientras le daba forma a sus inventos, soñaba con su viaje e iba aclarando el itinerario.

Toda esta situación me ha recordado a mi hermano Fernando, quien ha tenido tan mala salud durante los últimos años y ha experimentado disminuciones graves en su cuerpo. He relacionado a estas dos personas a las que quiero porque también mi hermano ha hecho un viaje fabuloso durante los últimos diez años, una travesía que ha partido desde  su imaginación, su interminable curiosidad y en la que ha volcado toda su capacidad creadora para elaborar un libro-plan en que comparece todo Chile a través de una serie de  formas y medidas que podrían implementarse para mejorar sustancialmente la calidad de vida del país y sus habitantes. En la enfermedad, cada uno de ellos ha crecido y yo creo que para eso se requiere una cuota indispensable de coraje para vivir algo que podamos llamar una vida.

La historia del mundo está llena de viajeros que han dejado relatos de sus travesías que han fascinado a los lectores de todos los tiempos. Dante cuenta que Odiseo no volvió a Ítaca sino que siguió su navegación en dirección a aquella parte del mundo que estaba deshabitada. Y para animar a los ya viejos marinos que lo acompañaban, les recordó todos los peligros que habían afrontado juntos y que ellos no habían nacido para ser brutos, sino para seguir hasta el final y no renunciar a la posibilidad de saciar su sed de conocimiento. La odisea que ha planeado Luis Carlos tiene mucha relación con el pasaje dantesco ya que frente a la encrucijada, él también ha optado por ‘no negarle a los sentidos la experiencia de seguir detrás del sol’.

El viaje de mi hermano Fernando está en una sintonía íntima con aquel que San Agustin describe en sus Confesiones. Ahí, sin moverse de un solo lugar y dando solo unos muy breves pasos, viajó hacia las mayores profundidades de su mente y su alma. Luis Carlos y Fernando han insistido en su viaje hasta el final, afrontando circunstancias que a muchos nos habrían dejado a mitad del camino, llenos de quejas y recriminaciones.

Por Nicolás Cruz, editor de historiaycultura