Opiniones

Memoria y un Museo de la Memoria

Durante las semanas recientes  han sucedido algunas cosas: se ha cuestionado la labor y sentido del Museo de la Memoria instalado en la ciudad de Santiago, Chile; apareció el libro que contiene los recuerdos de Jorgelino Vergara, “El Mocito”, un colaborador y agente de las centrales o direcciones de inteligencia chilena (ver artículo El destino final de los detenidos desaparecidos en esta página); los dictadores argentinos han recibido un castigo por secuestro de niños, y dos coroneles chilenos de la Fuerza Aérea han sido condenados por aplicar torturas con causa de muerte al general Alberto Bachelet en 1974.

La crítica a El Museo de la Memoria se ha basado en que en éste se prestaría escasa atención al contexto en que se generaron los hechos ‘memoriados’, presentando una visión sesgada de ellos. La debilidad de este argumento radica en que  la pregunta que busca responder el museo es ¿cómo fue posible que desde el Estado, en una reacción sin precedentes y totalmente desproporcionada, se formulara una política de represión total de los ‘enemigos’ políticos del régimen militar? Y los resultados de esta decisión son los que evidencia la exposición. Ella no tiene por objeto sentenciar que el gobierno derrocado de la Unidad Popular hacía las cosas de esta u otra manera (basta visitar el Museo para captar este ‘detalle’), ni que todo lo realizado por la dictadura estuvo teñido de sangre (cosa que no se hace).

El sesgo no sólo estaría en la falta de contexto (término que cabría explorar en su alcance) sino que también en una presunta manera de agrupar y presentar los hechos que resultaría tendenciosa y muy propia de la izquierda chilena. Poco se tiene en cuenta que uno de los filones más importantes de información que se ha venido obteniendo respecto de la represión de la dictadura chilena proviene de quienes fueron sus agentes. Las revelaciones ‘del Mocito’, pero también de varios otros anteriores, son, en su brutalidad, demoledoras para quienes argumentan la existencia de un montaje.

La justicia ha dicho varias palabras importantes a este respecto durante el último tiempo, y lo ha hecho aquí y en varios países de América del Sur. Este punto es central por que con la vuelta de las democracias, los tribunales han tenido la oportunidad de recuperar una parte de su independencia, aquella que fue avasallada por las dictaduras, y en esta nueva situación los jueces han investigado y condenado a los responsables. En este ámbito se percibe con mayor claridad la debilidad el recurso al contexto como explicación de delitos. ¿Hay algún tipo de contexto que permita entender el secuestro de menores en argentina por el cual el general Videla y algunos de sus colaboradores han sido condenados a prisión?, ¿algún contexto explica que dos oficiales de la Fuerza Aérea de Chile se ensañaran contra el general Alberto Bachelet hasta causarle la muerte tras sufrir ‘tratos crueles e inhumanos’ (uno tiembla al imaginar que puede haber sido eso), tal como está dictaminando la justicia chilena en estos días? Mientras más avanzan las investigaciones, más se percibe que estos no eran hechos aislados producto de decisiones personales de subalternos.

Los museos de la memoria – el de Chile como los de otras partes del mundo- tienen a su cargo un asunto de primera importancia para la ciudadanía, como es el de recordar y alertar sobre los excesos en que incurren, sin excepción, los poderes totalitarios, y este ejercicio se hace a través del trabajo de la memoria basado en períodos o situaciones concretas, y sucede que el caso de Chile fue el de una dictadura militar de derecha.

La lucha por la memoria en Chile no ha sido inclinada de manera definitiva hasta el momento. Se menciona que es monopolizada por la izquierda, pero podemos observar como a partir de una carta de un estrecho colaborador de la dictadura, publicada en el diario El Mercurio, en contra del Museo de la Memoria, se abre una polémica y genera una ofensiva que indica una posición de fuerza y decisión.

La argumentación del ‘contexto’ ha sido esgrimida por Sergio Villalobos, Magdalena Krebs y otros, y no es de extrañar que tenga un ángulo interesante y muestre una elaboración mayor en relación al discurso de la derecha que insistentemente ha venido llamado al olvido en este tema, ‘a no seguir pegados en el pasado’, ‘a mirar el futuro’. El contexto ahora propuesto  podría ser discutido, y transformarlo en una posibilidad para la investigación, el debate e intercambio de opiniones en todos los niveles.

Por Nicolás Cruz, editor de historiaycultura