Opiniones

Plagio

Durante el segundo semestre del año pasado participé en una comisión universitaria destinada a normar respecto del plagio en la actividad académica. El trabajo buscaba establecer ciertas reglas  que abarcaran a todos los actores, esto es, tanto profesores como estudiantes. Una de las cuestiones abordadas que generó mayor discusión y tomó más  tiempo fue la referida a los trabajos de los estudiantes en los que se advierte la intención de hacer por propios los conocimientos ajenos. Este es un tipo de temas que si se aborda de manera sencilla llevará a resultados concretos en un tiempo acotado, y si, en cambio, se profundiza un poco las cosas se complicarán bastante.

Para empezar tengamos en cuenta que hay un plagio grosero, fácilmente detectable y sobre el cual se puede normar sin mayor dificultad. Pero, pasado ese nivel se ingresa en otro complejo, aquel  de cuando se omite citar un párrafo o algunas líneas de otro autor, o, más sutil aún, cuando se olvida indicar que esa idea que se está desarrollando se encuentra en tal o cual escrito y pertenece a un  determinado autor.

¿Por qué lo hacen? Se argumenta muchas veces que así les resulta más fácil y que ahora prima la ley del menor esfuerzo.

Que el ingreso masivo a las universidades ha hecho que lleguen estudiantes que están dispuestos a echar mano de  cualquier recurso con tal de sacar adelante las pruebas y trabajos para los que no piensan estudiar o informarse. Y así se sigue adelante ahondando en las limitaciones de los jóvenes, especialmente de los que en gran número frecuentan los primeros años.

Pero conviene tener en cuenta algunos aspectos. El primero consiste en preguntarse si acaso alguien les enseño que eso no se hace. Y enseñar es distinto a solo decir; implica preocuparse de que el concepto haya quedado bien fijado, tener la voluntad y las posibilidades para hacer un seguimiento y poder advertir que haya quedado debidamente registrado. Y de manera muy especial implica señalar que debe hacerse y como debe llevarse adelante. Todo esto sucede poco en la enseñanza y las profesoras y profesores –yo y muchos de mis amigos y parientes lo somos- que se deciden a tomarlo en serio quedan sepultados por un cerro de trabajos de los que logran dar cuenta postergando a sus familias y sus espacios de diversión.

Más de fondo aún es el hecho de que la restricción al plagio se inserta en una sociedad que respeta y practica muy poco los conceptos básicos del tema, y para esto conviene reparar que  en el término ‘campo común’, se reúnen aquellos elementos que sin ser exactamente iguales comparten muchos componentes. Así, por ejemplo, en un ambiente universitario donde se hace un uso ilimitado de la fotocopia, reproduciendo incluso aquella página en que expresamente se prohíbe la duplicación, se castiga a los estudiantes que copian contenidos para su beneficio propio. Nadie puede discutir que ambos casos no son lo mismo, es cierto, pero están en un campo común.

En estos días casi todas las clases en liceos y universidades cuentan con un power point. Muchas veces no nos percatamos de que la mayor parte de las imágenes presentadas,  por no decir todas, como sucede con frecuencia, no contienen ninguna referencia a su procedencia. Quien seleccionó y usó las imágenes –casi siempre pone al inicio de la presentación su nombre, cargo e institución- no está diciendo explícitamente que sean suyas, pero resulta implícito que si las presenta sin indicar una propiedad, le pertenecen. Ese profesor o profesora es sobre quien recae sancionar el plagio de los estudiantes.

En suma, si yo fotocopio, uso imágenes de otros sin reconocerlo, bajo música y películas no obstante esté prohibido, etc.,  con dificultad podré evaluar y sancionar el plagio; aquel primo cercano de lo que yo hago y que se ubica en el mismo campo familiar.

Por esto es que me gustó la campaña de la Universidad Católica del Perú “No te comas las comillas”. Ellos plantean que el tema se debe poner en discusión y que cualquier cosa importante que surja será el resultado de una discusión y de un convencimiento de las partes, no tanto de una legislación punitiva, de hecho en el afiche no hay ningún juez acechando ni unos barrotes esperando a los trasgresores. Más bien me parece entender que hay una invitación a la conversación.

La comisión de la que formé parte debía preocuparse en términos amplios, pero se centró en lo más inmediato como es lo referido a los textos de los estudiantes. Pero no cabe olvidar que el tema es mayor y se refiere a los distintos actores de la sociedad, siendo inconveniente que mientas la mayor parte se comporta muy relajadamente, se solicite a los jóvenes someterse a un código estricto que poco o nada se respeta en el quehacer cotidiano del resto.

Por Nicolás Cruz / editor de la página