Opiniones

Yo No Vi Nada y Escuché Poco. Una reflexión a partir del caso Karadima.

Una de las declaraciones más recurrentes de los seguidores del sacerdote Fernando Karadima ha sido que ellos no vieron nada que los alertara respecto de las actuaciones del prelado. Luego de todo lo que ha sido investigado e informado, y muy especialmente a partir de la lectura del completo libro Karadima El Señor de los Infiernos de María Olivia Monckeberg, surge la pregunta sobre esta ceguera difundida entre quienes eran tan cercanos al cura y visitantes habituales de la Parroquia del Bosque en Santiago de Chile. Una respuesta que se ha dado ha supuesto una simplificación al señalar que fue una actitud circunscrita al grupo de creyentes más cercano a un sacerdote al que habían ido santificando en sus mentes.

Así y todo, ¿no vieron? Las declaraciones de varios de los interrogados señalan que algunos de los abusos del sacerdote Karadima se hacían a la vista de muchos de sus fieles, y que otros, aquellos más comprometedores, tampoco eran protegidos por una privacidad total. A partir de los propios dichos de los involucrados, parece posible decir que hubo un número no menor que vio, otros que entrevieron,  y los de más allá, que observaron un poco.

El argumento ‘yo no vi nada’, utilizado como un a manera de protección de cada uno de los involucrados y de exculpar al sacerdote acusado, resistió poco los embates de las preguntas y las aproximaciones críticas del fiscal a cargo del caso y de la prensa. A partir de un cierto punto el no haber visto dejó de ser una prueba irrefutable de la inocencia de Karadima. Lo que empezaron a escuchar (testimonios de los abusados, nuevas voces que se sumaron, comentarios de cercanos y familiares del sacerdote, etc.) removieron lo que había sido la base de la confianza con el acusado.

El libro de María Olivia Monckeberg deja en evidencia que también en este caso hubo un problema con la voluntad de oír. Hubo amigos que hablaron con sus amigos sobre lo que pasaba, y quienes oyeron hicieron como si nada; hubo madres que no quisieron escuchar la gravedad de las expresiones de sus hijos en un momento de la hora del almuerzo familiar del día domingo. Hubo una comunidad que no deseaba prestar atención a los avisos que circulaban desde hacía tiempo.

Yo no vi nada y escuché poco, ahora me desayuno y me distancio de lo sucedido, puede ser un intento de síntesis. El punto es que no es la primera vez que este grupo, fuertemente católico y conservador,  se enfrenta a esta situación. Durante muchos años no vieron nada y escucharon poco sobre los atropellos a los derechos humanos en el país, y sólo vinieron a tomar una relativa conciencia al respecto en los inicios de la transición a la democracia.

Pasado el tiempo de la crisis más profunda, la normalidad empieza a volver lentamente. Quizás en el caso del sacerdote Karadima y de la comunidad de El Bosque falte todavía un tiempo para que esto suceda, pero en el caso de los derechos humanos han empezado,  luego de veinte años de silencio, a surgir voces que reivindican lo realizado por los ‘servidores de la patria’ de la dictadura militar. Será interesante ver y escuchar que es lo que dicen a este respecto los sectores católicos más conservadores que declararon públicamente haber mejorado su visión y audición luego de las dolorosas experiencias vividas.

Redactó: Nicolás Cruz (Editor de la Página)