Opiniones

La aproximación a la historiografía actual desde la cultura de la resta

Una tendencia marcada en la historiografía actual es la de privilegiar la historia reciente, y aquella de los sectores populares y marginales. Pienso, como una parte de mis colegas, que ha sido un gran aporte la incorporación y atención que se ha prestado a estos sectores antes ausentes y excluidos de la visión histórica.

Pero, se ha generado al respecto un discurso exagerado y extremo por el cual se ha llegado ha venido sosteniendo que esa es la única visión válida del pasado.

Los dos aspectos que se nos presentan completamente relacionados son distintos y conviene tratarlos de esta manera.

La pretensión de la historia popular y marginal como la única forma se ha basado en una fuerte crítica y degradación de toda otra visión, designándola como una versión más de la llamada historia oficial. La acción se basa en un ejercicio de resta que descarta todo lo hecho con anterioridad –salvo que constituya uno de sus antecedentes-, y otras posibilidades para terminar afirmar solo una manera de hacerlo.

El pasado apreciado desde esta doble reducción constituye un debilitamiento de la visión de la historia, no obstante los evidentes aportes que pueda haber incorporado.

Pierde en su perspectiva, que es uno de los aportes de la historia y crea el espejismo de que los tiempos no tienen una mayor relación entre sí. Mi experiencia directa, que es la de muchos, es que en relación a ciertos temas y problemas centrales de la cultura, los griegos y romanos, para poner un ejemplo, pueden estar tan cerca de nosotros como aquellas cuestiones que tuvieron lugar ayer. Herodoto no sería un dato casual para la lectura de un mundo globalizado, como tampoco Antígona será irrelevante para la una discusión sobre el Estado y el espacio de los distintos géneros en la sociedad.

A la cultura de la resta se le puede contraponer una de la suma, que atiende a la comprensión del pasado como problemas, más que como estudio de épocas determinadas. Si trabajamos con problemas, los podremos perseguir en toda la extensión temporal en que se han presentado, y eso es algo que nos llevará hasta donde podamos advertir sus primeros registros. Nuestro diálogo y reflexión está relacionado con aquello que nos sucede hoy, pero ese suceder tiene una manera de desplegarse a través de largos períodos de tiempo.

La visión de una historia de lo más cercano y focalizada solo en lo popular ha tenido recepción entre sectores de estudiantes e historiadores jóvenes, no así entre el público en general. Ellos reproducen esta visión que descarta todo lo que no sea la reproducción de su propio discurso. ¿Por qué tanto interés en imponer solo una visión de la historia y no dejar que distintas visiones circulen e interactúen entre ellas? Me parece que la respuesta a esta pregunta tiene más que ver con las luchas de poder en torno a la construcción de discursos historiográficos que con una visión de la historia.

Nicolás Cruz