Observatorio

Un tranvía llamado deseo de Tennessee Williams.
Blue Jasmine de Woody Allen.
Un tranvía llamado deseo de Alfredo Castro.

Redactó Daniel Valdivieso, colaborador de historiaycultura.cl

Tenía ganas de ver Blue Jasmine. Quería conocer la lectura libre y moderna hecha por Woody Allen de Un tranvía llamado deseo, ese clásico de Tennessee Williams. La película prometía, lo mismo que el montaje de la obra teatral presentada hasta hace poco por Alfredo Castro y un elenco de fogueados actores en el Centro Cultural GAM. Mentalmente hacía la suma: texto magistral más una buena adaptación o puesta en escena, igual a buena película u obra. Así que llegué frotándome las manos al cine y luego al teatro, pero en ninguno de los dos casos salí con la sensación de haber visto una obra de peso.

Mientras intentaba descifrar por qué la premiada Blue Jasmine y el alabado montaje de Alfredo Castro me parecían dos versiones deslavadas de un clásico, me consolé con la idea de que tal vez no haya ejercicio más saludable para un aprendiz que ver fallar a los maestros. Verlos fallar aunque éstos no sepan que hayan fallado, legítimamente confundidos por los elogios unánimes de la crítica, los premios obtenidos, las temporadas a teatro lleno, y el dinero recaudado. Nada mejor que analizar las opciones tomadas por dos galardonados directores en la puesta en escena de uno de los textos más adaptados a lo largo de la historia del teatro, escrito hace casi setenta años, y con vigencia hasta el día de hoy.

Un tranvía llamado Deseo es un clásico del teatro estadounidense, y se considera la obra maestra del dramaturgo Tennessee Williams. Dirigida por Elia Kazan y protagonizada por Marlon Brandon y Jessica Tandy en los roles principales, la obra recibió el Premio Pulitzer en la categoría Drama de 1948 y Jessica Tandy recibió el Premio Tony por su interpretación de BlancheDuBois. En las siguientes temporadas la sucederían en el rol las actrices Uta Hagen, Kim Hunter y Karl Malden, y la obra ganaría otros dos premios Tony. En 1951, la película Un tranvía llamado Deseo, basada en la obra y dirigida también por Elia Kazan, obtendría varios premios, entre ellos un Oscar a VivienLeigh en la categoría de Mejor Actriz por su interpretación de BlancheDuBois.

Dirigida por Elia Kazan con Marlon Brandon y Jessica Tandy, itdc.lbcc.edu

La obra nos cuenta la historia de BlancheDuBois, una dama sureña en el ocaso de su juventud, que llega a Nueva Orleans para visitar a Stella, su hermana menor. Stella vive junto a su marido Stanley Kowalski, obrero de origen polaco, de costumbres rudas y fuerte como una mula, en un precario apartamento ubicado en un patio compartido con otros inmigrantes en la calle Campos Elíseos, a la que se llega a través de la ruta de un tranvía llamada Deseo.

Desde el momento de su llegada, BlancheDuBois muestra una personalidad fuerte, dominante, pretenciosa y desequilibrada. Cuestiona el modo de vida de su hermana y su marido, a pesar de que Stella se muestra conforme con su realidad. Blanche desaprueba el que Stella, perteneciente a una familia de cierto renombre, se haya casado con un polaco proletario, bebedor y violento. Stanley maltrata a Stella física y emocionalmente, lo que ella dice soportar debido a la fuerte atracción que siente hacia él.

La llegada de Blanche trae problemas al matrimonio y la enfrenta a Stanley, quién desconfía de ella y de su mundo de elegancia y distinciones. A poco andar, y precipitada por su alcoholismo, Blanche va quedando en evidencia en las mentiras que componen el mundo distinguido del que dice venir. Es así como nos enteramos que la visita a casa de su hermana no es tal, sino la excusa que encuentra Blanche para instalarse de forma definitiva en su casa, ya que la familia ha perdido la plantación familiar que tuvieron desde siempre en el sur del país, y las vacaciones supuestamente sugeridas por su jefe para calmar sus nervios no son tales, sino que ha sido despedida de su puesto de profesora en el liceo por tener una aventura sexual con uno de sus estudiantes.

Blanche esconde su pasado reciente y comienza a salir con Mitch, un compañero de trabajo de Stanley, que le sirve de confidente y con el cuál sostiene una conversación a través de la cual se revela el gran dolor de Blanche: haber descubierto que su joven esposo había tenido una aventura homosexual al principio de su matrimonio; tragedia que había desembocado en el suicidio de éste y en una crisis emocional de la que Blanche nunca se ha recuperado.

Stanley no tarda en descubrir la reputación que su cuñada tenía en su pueblo, del que ha huído dejando un historial de múltiples amoríos en busca de un marido que la rescatara de la pobreza. Le cuenta a Mitch, quién decide dejar de verla, y viola a Blanche. Desde ese momento en más el desastre es irremediable para Blanche, que cae en la locura y la perdición.

Blue Jasmine cuenta la historia de Jasmine, mujer de mediana edad alcohólica y adicta a los fármacos, que queda en bancarrota luego de que su marido millonario e infiel se suicidara en la cárcel, donde cumplía condena por graves delitos económicos.

Al igual que Blanche, Jasmine deja su antigua vida de alta sociedad y su ciudad, dónde ya no le queda nada, y va a visitar a su hermana menor, Ginger, sin revelarle sus intenciones de quedarse a vivir con ella. Desde su arribo no deja de criticar el modo de vida de su hermana, que vive en una casa modesta junto a sus dos hijos, y donde la visita su novio Chili, un rudo obrero al que Jasmine desprecia por su falta de garbo y simpleza, y porque a su parecer, no merece a su hermana. Chili, a su vez, desprecia a Jasmine por sus aires de grandeza. Antes, Jasmine también se había opuesto a Augie, el ex marido constructor de Ginger y padre de sus hijos.

Tanto Chili como Augie son distintas versiones de Stanley a las que ha dado vida Woody Allen para mostrar el carácter simple de hombres rudimentarios, pero el enfrentamiento entre Blanche-Jasmine y el Stanley coral de Woody Allen no pasa de ser superficial.

Los Stanley creados por el director no tienen ni el peso ni la profundidad del original, y no consiguen ir más allá de la caricatura del obrero torpe, bebedor de cerveza y fanático de los deportes. Es por esto que el director traslada la tensión del conflicto hacia el pasado de Jasmine: al mundo lujoso en el que vivía antes de que la tragedia llegara a su vida. El acento del relato está puesto en mostrar cómo ésta fue capaz de convertirse en ciega con tal de no ver que su maravilloso mundo estaba construido sobre las estafas de su marido. Pero también los personajes del pasado construidos por Woody Allen son estereotipos: ricos que viven rodeados de lujos, banalidades y excesos, pero son infelices y miserables.

Blue Jasmine en el sofisticado ambiente inicial.
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Blue Jasmine es una versión deslucida de la obra de Tennessee Williams, no porque aburra, ya que la película divierte, sino porque Woddy Allen privilegia una y otra vez el humor por sobre las profundidades del drama, quitándole densidad a la historia, a la protagonista y a sus personajes. La película es una comedia dedicada a mostrar las desventuras de una millonaria al chocar contra la realidad, muy lejos del drama potente y polémico que plantea la historia original.

La puesta en escena de Un tranvía llamado deseo de Alfredo Castro busca ser lo más parecida posible a la obra original de Tennessee Williams. El mismo director se encargó de recalcarlo antes del inicio de la obra: “Lo que van a ver es básicamente Tennessee Williams, con un notable trabajo actoral”.

De entrada sorprende la escenografía de la obra, con un conteiner de ferrocarril que se abre y en el interior recrea de manera perfecta la casa de Stella y Stanley. Pero Alfredo Castro también parece optar por una lectura humorística de la obra, y en vez de ahondar en el fondo del conflicto del original, prefiere quedarse en la superficie de los personajes hasta convertirlos en estereotipos con los que nos es difícil conectar.

Es así como nos presenta un Stanley chilenizado hasta el cliché, cuyo único recurso dramático parecen ser los golpes a la mesa, la rotura de platos en escena, los combos a los muros y los garabatos indiscriminados para someter a Stella y a Blanche. Otro tanto se puede decir de Blanche, maravillada de sus propias “locuras” en escena, hasta el punto de darnos la sensación de que le importa poco su drama, y de que se divierte con su desgracia.

Se trata de una puesta en escena con demasiados cabos sueltos, y con actuaciones que no alcanzan a estar a la altura de lo esperado por la talla de los nombres y del director. Como espectadores, no percibimos los distintos niveles del conflicto que nos presenta originalmente Tennessee Williams: la personificación del enfrentamiento de dos mundos a través del enfrentamiento entre Blanche y Stanley. En ese sentido, la película de Woody Allen y la puesta en escena de Alfredo Castro comparten el hecho de dejar a un lado el corazón de la obra: el enfrentamiento de Blanche con Stanley es también el enfrentamiento de dos culturas que conviven y se enfrentan en su época.

La sociedad a la que Blanche se enorgullece de pertenecer, representa los valores tradicionales heredados de la Europa decimonónica (la plantación familiar tiene un nombre francés, su propio nombre es de origen francés) y choca con una clase proletaria inmigrante cada vez más grande e influyente, conformada a partir de la gran ola inmigratoria llegada al país luego del fin de la segunda guerra mundial. Éste choque de clases y mundos es el corazón de Un tranvía llamado deseo y sólo desde éste cobra sentido la intolerancia de Blanche hacia la nueva clase representada por Stanley, una generación de nuevos americanos toscos, honestos, que desprecian las pretensiones de las clases acomodadas. Es este choque es el que culmina con la violación brutal, cargada de simbolismo, de Stanley a Blanche, y desata su locura definitiva. Es ahí donde radica la naturaleza provocativa y polémica de esta obra.

Al no poder conseguir retratar de buena forma el enfrentamiento que tiene lugar entre Blanche y Stanley y todo lo que éste representa, inevitablemente la obra pierde su corazón y poco nos importa que Stanley se declare de pronto extranjero, que Blanche nos cuente entre risas y llantos histéricos la historia de la muerte de su marido, que Stanley viole a Blanche, y que ésta enloquezca. Pero nada de eso no pareció molestarle demasiado al público, que se la pasó en grande, riendo con cada una de las locuras de BlancheDubois y el respectivo enojo del rudo Stanley.