Observatorio

En una cierta estación de trenes.

Ana Cruz, historiadora.


 “Lentamente se eleva la pelota hasta el cielo/ Entonces se ve que las tribunas están ocupadas / Solitario el poeta está de pie en el arco / pero el árbitro pita fuera de juego”.
Günter Grass



Imagino a Galeano y Grass sentados en un banco de estación, un poco absortos, un poco buscando tema de conversación, mientras esperan que pase a recogerlos el tren de los escritores muertos. ¿Dónde los llevará? No lo saben -no tienen cómo saberlo- y la verdad es que les preocupa un poco... a ratos se distraen conversando sobre libros o fútbol; a ratos callan e inevitablemente se preguntan si existe algo así como el más allá... porque la muerte ya la esperaban, pero con lo del tren se han llevado una gran sorpresa. 

Empieza a caer el sol, a lo lejos un silbido anuncia que llega la hora. Grass levanta la vista con un gesto observante, concienzudo, el rictus serio del que que habla poco y escucha mucho. Galeano yergue la espalda y fija la vista en la locomotora que se acerca. Su mirada es apasionada, desafiante. No hay tren que pueda con él.  

En su fuero interno Galeano espera que el tren los lleve a un lugar mejor, mientras Grass piensa que le basta con que no sea un lugar peor. Yo creo que el tren hará un largo recorrido de ida y vuelta hasta dejarlos en un pequeño cafecito en Montevideo, donde, confundidos entre vecinos, ajedrecistas y jubilados, tendrán la eternidad completa para tomar café en vasitos pequeños y hablar, hablar y hablar sobre este mundo que tanto pensaron...

Bueno, de vez en cuando se encorvarán sobre una pequeña radio de los 50 para seguir algún partido de fútbol. ¿Que quién juega? Da igual, esas cosas ya no le importan a los muertos.