Observatorio

Fernando Pessoa en la escena teatral con El Marinero: Cuando solo basta la palabra.

Carol Aragón. Actriz

Algunas palabras sobre Fernando Pessoa

Fernando Pessoa nace en Lisboa en el año 1888. Muy pequeño queda huérfano de padre. Su madre, al poco tiempo vuelve a casarse con un militar de alto rango a quien destinan a África. Pessoa crece en África en las colonias inglesas, aprendiendo desde muy pequeño el idioma y la cultura anglosajona. Es un autodidacta. Se interesa en la literatura inglesa, la filosofía, la historia, los griegos, leyendo cuanto texto en relación a estas temáticas pasa por sus manos. A los 17 años intenta ingresar a la Universidad de Oxford o la de Cambridge, pero le niegan la beca por no haber cursado su educación en el régimen formal y queda fuera de ambas universidades por temas burocráticos, a pesar de haber obtenido las más alta nota de ingreso.

Una vez truncada su ilusión de estudiar se queda en Lisboa, donde trabaja en diversos oficios de carácter contable y como traductor de cartas comerciales al inglés y al francés. Siempre en régimen libre de trabajo para poder dedicarse a su actividad literaria. Se declara de oficio traductor, y dice que cualquier oficio puede ser posible, menos escritor o poeta. Esto que en otros tiempos era digno de admiración, en su época ya no es un oficio respetable. Pessoa siente la indiferencia del mundo a la naturaleza del creador.

Vale preguntarse qué sería de Pessoa si hubiera sido aceptado en una de las universidades inglesas. Quizás su inmenso talento habría sido valorado en vida. Pero no, se quedó en Lisboa desarrollando una variedad de oficios: comerciante, traductor, publicista. A pesar de que intentó muchos negocios propios nunca tuvo suerte en ellos. Logró poner en pie una editorial, que inició con la intención de publicar sus propios libros, los que nunca tuvieron ningún tipo de repercusión.
Fernando Pessoa es un fenómeno literario sin precedentes. Lo más atractivo es que creó una multiplicidad de escritores que eran solo diferentes facetas de él mismo. A esto se llama “Heteronimia”, método para poner en orden el caos que deviene del caos referido a la forma múltiple de pensamiento del autor. Lo genial es que logra estructurar personajes haciéndolos pasar por personas reales. Todos son escritores y poetas que tienen sus propias historias de vida y principios que guían sus escrituras, no perdiendo el autor jamás los puntos de vista de cada uno de ellos. Cada autor es capaz de dialogar con otros, incluso llegando a enviarse correspondencia entre ellos. Pessoa consideraba esta heteronimia no como una evolución, sino un viaje al interior de otras almas y formas de entender la realidad. Pessoa dice que para viajar basta existir. El viaje es metafísico, un viaje a uno mismo. En Pessoa hay una multiplicidad en sus formas de sentir y de querer ser.

Pessoa fue un esotérico. Indagó en las ciencias ocultas. Hacía cartas astrales para él, sus amigos y sus héroes. Algunos plantean que sus heterónimos no eran más que el resultado de su condición de médium por la práctica del esoterismo.

Los personajes heterónimos de Pessoa dotaron a Portugal de una pléyade de escritores. En la tumba de Pessoa, enterrado en la Catedral de Los Jerónimos, están enterrados junto a él los cuerpos imaginarios de sus heterónimos.

Pessoa guardaba en un baúl todos sus escritos. Esta era su única y gran pertenencia. El tesoro que en vida acopió para dejar al mundo. Más de 25.000 textos forman parte de éste, con mucho material aún inédito.

Algunos estudiosos de Pessoa hablan de este poeta como un creador que logra acercar a través de la palabra, lo que  hay entre el ser y el alma. La palabra es lo que explora el poeta Pessoa, buscando las posibilidades que están en ellas mismas, en su “significante”, en como resignificarlas. Esta es la posibilidad que  moriría si no existiera el alma del poeta.

Pessoa vivía en su propia existencia la tragedia, esa lucha irresoluble entre lo uno y lo múltiple.  Ese choque entre la vida y la razón que según Unamuno nos tritura el alma.

Muchos investigadores de su obra lo comparan con los filósofos griegos por su pensamiento trágico que nos conduce a Esquilo, Sófocles y Eurípides. Para entender a Pessoa la dimensión filosófica es fundamental. Es la encarnación de la lucha entre querer saber y querer existir. En su obra encontramos migajas de lo que somos como seres humanos y eso nos ayuda a encontrar  algo de satisfacción en los misterios del alma humana.


El Marinero.

Pessoa reaparece hoy en la escena teatral chilena con una de sus obras emblemáticas El Marinero, publicada en la revista literaria Orpheu en 1915. Orpheu fue uno de los proyectos literarios en los que Pessoa participó junto a otros autores, que tal como él, no tuvieron mayor notoriedad en su época.

Es interesante como Pessoa en El marinero pone un pie forzado al director: la absoluta falta de indicaciones sobre acciones físicas, como si la palabra fuera el único y absoluto trasmisor del alma pura.

Alejandro Goic

Hoy es el actor y director Alejandro Goic quien trae de vuelta la obra, junto a destacadísimas actrices chilenas: Bélgica Castro, Gloria Münchmeyer y Carmen Barros, quienes con su talento y experiencia en las tablas, hacen vivir al público una hora de un montaje abrazador que inunda la sala de una sensación de infinito ensueño.

La propuesta del director resulta sumamente atractiva, no solo por el peso del texto sino también por la propuesta de montaje donde utiliza medios audiovisuales, invitando al espectador a percibir la historia de una manera sensorial, cercana y reflexiva.

En la sala nos encontramos con una estructura de tela transparente que se extiende hasta las butacas de los espectadores. Es esta la que se utiliza para sumergirnos en otro lugar: el mar. Vemos una y otra vez, desde la orilla de la playa, el mar sereno, que como un recuerdo tatuado en la memoria, inunda al espectador de emociones.

El mar no solo puede verlo el espectador sino que es parte fundamental de la obra. Los tres personajes pueden ver este mar desde una pequeña ventana. El autor se refiere a él como un enigmático e inmenso lugar desconocido para las tres hermanas, que están en la escena velando un cuerpo. La acción se desarrolla con la cadencia y el ritmo del mar. Entre largos silencios de los personajes, el director opta por darnos a conocer los conflictos de cada personaje a modo de reflexiones que escuchamos con las voces en off. Esto es primordial para la comprensión del espectador.

El viaje de estas tres hermanas comienza en el velorio de un personaje masculino que no sabemos quién es. Las hermanas intentan recordar su pasado, pero les resulta casi imposible y se cuestionan qué es y que significa el pasado, si es real o no.  Se preguntan qué hora es, pero en ese lugar no hay un reloj que indique cual es la hora exacta, proponiendo un espacio sin tiempo, imposibilitado de pasado y recuerdos.

En escena el velorio y la constante presencia del mar nos llevan a una nostalgia absoluta.

Pessoa pone en jaque  al espectador con este teatro estático, donde la acción no tiene sentido alguno. Donde solo la palabra, el sentimiento y la emoción son ciertos. El autor se sumerge en la necesidad de darle sentido a la palabra. La palabra en Pessoa es el resultado final de la infinita reflexión del ser humano ante un hecho que le provoca sentimientos, que éste debe organizar para poder expresar su mirada confusa, intentando establecer un parámetro de realidad donde desenvolverse en relación con los otros. Cuando observamos a estas tres hermanas juntas en el espacio del velatorio, con momentos de silencio incómodo, nos damos cuenta de la distancia que existe entre ellas. Vemos la dificultad que implica estar con otro y comprenderse. Algunos estudiosos de Pessoa dicen que en esta obra aparece por primera vez el heterónimo. No es un solo pensamiento, sino tres pensamientos diferentes en conflicto, que indagan de forma enrevesada sobre los tópicos que van apareciendo.

A medida que pasan los minutos las voces de estas tres grandes actrices se vuelven un relato entrañable que supera la inmovilidad. El uso del 3D es un excelente recurso escénico, que permite transformar la escena una y otra vez, invitando al espectador a entrar en el sueño de una de las hermanas, encarnada magistralmente por Bélgica Castro, quién en su personaje es la que sueña con este marinero que la atormenta. Este marinero está perdido en una isla, donde debido a la necesidad de una realidad que vivir, termina  por creársela el mismo desde su nacimiento. Se inventa hermanos, amigos, una ciudad, dando vida a su propio y especial mundo.  Finalmente, cuando quiere recordar quien es de verdad, no logra hacerlo. Ya no sabe quién fue y sólo le queda el mundo que creó, dejándolo sumido en una profunda soledad, en esa isla que quizás nunca existió.

A pesar de las profundas reflexiones filosóficas, la obra genera una extraña paz. La sensación de un sueño placentero. La palabra hablada guía al espectador como si fuera un sueño donde no necesitamos razón, ni respuestas. Nada es absolutamente necesario.

Pessoa a través de sus personajes plantea que los hombres que piensan demasiado, se cansan tratando de encontrar respuestas, que son solo los sueños los que permanecen en el hombre y le dan libertad y vida. Dice que quizás el hombre muera porque no sueña demasiado. Pessoa nos invita a pensar que es la verdadera vida, la verdadera libertad, dándonos una esperanza: quizás la única realidad es lo que soñamos.

El director Alejandro Goic, por medio de este maravilloso texto de Pessoa, pone en escena una cantidad de elementos que se funden con tanta armonía, que dan como resultado un objeto de arte que permite al propio Goic ser el artífice de una realidad sobre otra y otra y otra, rescatando esta exquisita idea del texto de Pessoa.