Observatorio

Toda la ciudad entro en un completo silencio

Anónimo (1)

Toda la ciudad entro en un completo silencio. La gente se detenía en las calles y miraba interrogativamente a los otros transeúntes. La respuesta era casi la misma en todas partes “parece que sí”, “así dicen”. Los encargados de conducir carros habían descendido y parecían esperar algo para volver a ponerse en movimiento.  Los encargados de los puestos de verduras y frutas estaban de pie, con los brazos cruzados, sin prestarle atención a los productos.

Dicen, dicen y dicen, pero no se sabe nada en concreto. Dicen que murió. Dicen que Tiberio ya está en camino para asumir el cargo vacante. Dicen que los senadores ya se reunieron y que están tan confundidos como el resto. Y dicen otras cosas más que no tienen tanta importancia como las anteriores.

Poco a poco comenzaba a extenderse un sentimiento de orfandad. Muchos padres, así como sus hijos ya grandes, no habían conocido otro gobernante. Una buena parte de los ancianos recordaba vagamente un período de guerras civiles y problemas antes de que

Augusto  llegara al poder para siempre. Pero todo eso había sucedido hace unos sesenta  años, y eso era mucho tiempo.

Ni siquiera los augures estaban en su sitio atendiendo a los signos que podían dar una pista o una respuesta a las interrogantes que iban en aumento y se filtraban en todas las casas y edificios. Tampoco el mayor de los senadores tenía palabra alguna. El silencio seguía ahondándose, pero se advertía la ingratitud de la gente que se sentía incómoda con la inacción y la falta de palabra.

Y llegó la certeza: había muerto luego de gobernar la ciudad y el Imperio por medio siglo. Fue entonces cuando los vendedores volvieron la vista  a sus verduras y los conductores subieron a los carros y retomaron sus caminos. Los augures se relajaron y volvieron a concentrar sus vistas en las aves que tenían entre sus manos.

Quizás por esto fue que pocos se percataron que Tiberio había llegado al poder.

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(1) Publicamos este inquietante anónimo El autor narra el día en que Tiberio ingresó silenciosamente  en la ciudad de Roma para asumir el cargo de emperador.