Observatorio

El Clan de los Puccio: un thriller sobre la dictadura

Carol Aragón. Actriz.

 

La película “El Clan” irrumpe en nuestra cartelera con una arrolladora campaña de marketing que alude al éxito que la precede, “Relatos Salvajes”, de la misma productora española de Pedro Almodóvar llamada “El deseo”. Para todos aquellos que amamos su antecesora, la propuesta parece un imperdible. Asombro, por decir lo menos, es lo que provoca desde hace ya bastante tiempo el cine argentino, que año tras año ha dado películas excelentes. Y “El Clan” es una más que suma excelencia.
En medio de un atractivo afiche que inunda los paraderos de la ciudad, vemos en el rol protagónico, de una película que se anuncia como un thriller, a Guillermo Francella, cosa que sorprende, ya que es uno de los comediantes más destacados de la Argentina, y que con su participación en algunos destacados films, entre ellos “El secreto de tus ojos”, ha terminado de ser reconocido como uno de los mejores actores de Argentina.

La película propone una experiencia para el espectador en la misma sala de cine. En los primeros minutos ya se nos muestra lo que vamos a ver: un secuestro en que el cautivo está al interior de una casa de familia. Pero ese parece ser sólo el primer paso, pues lo importante en la cinta no es el caso en cuestión, sino más bien el paso a paso de lo que se vivió tras cada secuestro en esa familia, que sigue en su vida cotidiana mientras se mantiene a otro ser humano raptado en su propio hogar. El  desarrollo de la relación familiar en esta situación particular es lo que convierte al film en un thriller psicológico muy bien logrado. Una película que con su calma absoluta nos provoca, nos inquieta, nos incomoda. Nos pone como observadores de un padre amante de su familia, y por otro lado un asesino sin escrúpulos.

La película se basa en los secuestros y asesinatos cometidos por Arquímedes Puccio entre los años ´82 y ´85. Seguramente para los argentinos esta es una historia conocida, que han escuchado por muchos años como vestigio de la dictadura, pero sobre la que según comenta en algunas entrevistas el director Pablo Trapero, a pesar de lo mediático de la noticia en su momento, no había suficiente documentación respecto al caso en cuestión.

El personaje principal de la película es el patriarca de la familia, Arquímedes Puccio, quien a través de su vida tuvo varios delitos que no se abordan en esta película, pero que aportan a la comprensión de la historia. Fue un destacado estudiante, se tituló como economista muy joven y comenzó a participar en una organización política de ultraderecha y  de acción terrorista llamada Tacuara, conformada por jóvenes estudiantes universitarios de clase alta y media. Luego fue parte del Correo Diplomático de Argentina, y mientras trabajaba allí, tuvo una causa por contrabando de armas por la que fue sobreseído. En 1973, tuvo otra causa por un secuestro, de la que él y otros implicados fueron sobreseídos también misteriosamente. Por su afinidad ideológica con Aníbal Gordon, criminal argentino, que de delincuente común pasó a ser jefe del grupo parapolicial autodenominado Alianza Anticomunista Argentina (Triple A), que funcionó durante la dictadura cívico-militar en Argentina entre 1975 y 1983, Puccio trabajó activamente en esta organización que secuestraba y mataba para deshacerse de personajes de la justicia, de la izquierda política y progresistas. Una vez que acaba la dictadura, Arquímedes Puccio sigue con sus acciones de secuestros y muertes para conseguir sus propios fines económicos.

En “El Clan”, el director Pablo Trapero no sólo nos muestra el retrato crudo de la realidad de la familia de un militar retirado y perteneciente a la inteligencia argentina, sino que nos invita a poner la mirada sobre el núcleo familiar que componen los Puccio. Arquímedes Puccio se valía de las relaciones de amistad de su hijo Alejandro Puccio, que era un destacado jugador de rugby, para codearse con personajes de la clase alta argentina, contra quiénes cometía sus crímenes. En los raptos involucraba a sus hijos mayores. Mantenía cautivas al interior de su propia casa familiar a sus víctimas. Pero más allá de esto, la pregunta es cómo conseguía vivir esta familia siendo de alguna manera también victimas de su propio padre. Nadie ignoraba lo que allí ocurría, por lo que ninguno era inocente del todo.

El patriarca de los Puccio es interpretado por Guillermo Francella, quien con una larga trayectoria aparece en la escena argentina en la década de los ´80 en cine y series de televisión, y en el teatro como comediante. Pero su talento no se detuvo allí, con el pasar de los años pudo demostrar sus dotes como actor dramático. En los años ‘90 aparece con su personaje Francella, usando su propio apellido, que de a poco fue marcando su sello personal como actor. Con su destreza y excelentes personajes se ha ganado el respeto y admiración del público argentino.

Al no existir registros audiovisuales de Arquímedes Puccio en su entorno familiar, Francella cuenta que el personaje del padre lo configuran mediante la investigación de algunos registros fotográficos de la familia, donde Puccio aparece siempre como un hombre que no muestra afecto con sus hijos. Entonces comenzó a construir el personaje desde esa desafección, configurando junto al director lo que buscaban reflejar en la película. El mismo Guillermo Francella vivió muchísimos años en el sector de San Isidro, por lo que conocía a mucha gente del barrio de los Puccio. Pasó muchas veces por la casa familiar, sin saber que adentro de ella ocurrían estos delitos. Su admiración por el director Pablo Trapero y la importancia del caso en Argentina, lo llevó a tomar este desafío de explorar este personaje siniestro. Francella trabaja a propósito la idea de distanciarse absolutamente de los personajes antes interpretados en su carrera. Este personaje antagónico se basa en su frialdad. Demora las respuestas fijando la mirada que genera el perfil psicológico distante del asesino. Francella aparece irreconocible, desprendiéndose de sus recursos actorales, según sus propios dichos.

La poca existencia de material en torno al caso, hizo que el director Pablo Trapero se sumergiera en la investigación con familiares y gente del barrio de San Isidro.  Amigos del club de rugby. Fiscales y peritos que fueron parte de esta trágica historia. Además del trabajo en base a los expedientes policiales. Así se fue construyendo la película, centrándose en los 4 años entre 1982 y el 1985, que fueron los años en que se cometieron los crímenes por los que fueron juzgados.

Pablo Trapero aparece como director a fines de los ´90 en Argentina desarrollando películas de corte realista, ahondando su búsqueda en el retrato de personajes comunes en vidas cotidianas, marcadas por sus contextos socioeconómicos. Algunas de sus cintas son: Carancho, 7 días en la Habana y Elefante Blanco.

El director se enfrentó al desafío de una historia compleja, llena de personajes, lo que lo obligo a central el foco en ciertos aspectos  que le sirvieron para adaptar esta al  cine. Por un lado se abordó el drama familiar, por otro lado lo judicial y también el desafío de encarar la historia desde el punto de vista cinematográfico. Esta familia es una muestra de lo que ocurría en Argentina durante la dictadura, donde el estado amparó los delitos de una serie de ex funcionarios de los sistemas represivos con su impunidad. Es debido a esto que Arquímedes en la película no tiene antagonistas, irrumpía en las calles a plena luz del día secuestrando a sus víctimas con el auto de la familia. Finalmente el cambio del contexto político con las señales de democracia que fue dando Alfonsín se  vuelve la amenaza del personaje de Arquímedes. Es en este punto donde da pasos erráticos que lo llevan a su fin.

Es una película incómoda, pero a pesar de eso es una historia atractiva por su capacidad de profundizar en la complejidad de “lo humano”. Absolutamente desafectada, las acciones nos llevan a entender la forma en que se relaciona este padre con su familia. Cómo la manejaba para llevar a cabo sus planes. Escenas largas e intensas de violencia fría, ponen al espectador como a un  juez que observa los hechos. Jamás ninguno de los personajes se justifica, retratando como un fresco de pintura hasta dónde puede llegar un ser humano. La película nos invita a reflexionar en relación a que pasa en nuestro alrededor. Cuanto nos importa lo que le ocurre al prójimo y cuanto nos relacionamos con lo que pasa al lado. La temática tiene que ver con la hipocresía de una sociedad que ve con indiferencia lo que ocurre alrededor, justificándolo con un respeto por la privacidad del otro.

El trabajo de reconstrucción de época en la película, nos traslada rápidamente a un cotidiano de la década de los ’80. Una falsa placidez, un deseo de avanzar económicamente y subir en la clase social, nos muestra el contexto en el que nos sumergimos. La reconstrucción de algunas escenas es exacta según el relato de las familias de las víctimas secuestradas. Ocho meses de filmación dan como resultado esta película espectacular, donde el foco de la película está puesto no en las victimas, sino en los victimarios. El montaje de la película da como resultado un excelente trabajo de edición, generando a través de las acciones un conflicto más profundo al interior de la familia, dominada por un personaje sin escrúpulos a la hora de conseguir sus fines que obliga a todo el clan a ponerse a su servicio sin importar los conflictos que esto les provoque a cada uno de ellos. Una película de una complejidad mayor, pues no sólo apunta a relatar el hecho, sino más bien a indagar en el alcance que una mente oscura y siniestra puede tener dentro de su familia y su entorno, y cómo ésta puede cobrar una enorme fuerza al operar de forma impune durante una dictadura.