Observatorio

“El golpe: el pueblo (1970-1973)”, A propósito de la publicación de la novela gráfica.

Nicolás Cruz Valdivieso, escritor.

Desde hace unas semanas está en librerías el libro “El golpe: el pueblo (1970-1973)”, primera parte de  la novela gráfica “El Golpe” de Editorial Pehuén. La novela narra la historia, desde 1970 hasta 1990, de dos familias de clase media chilena, que viven el proceso del gobierno de la Unidad Popular y la posterior Dictadura. Los protagonistas del relato son dos jóvenes, Julio y Cristián, pertenecientes a familias de izquierda, militantes del Partido Socialista. En el primer tomo, “El golpe: el pueblo (1970-1973)”, se abarca desde 1970 hasta 1973, el proceso de conciencia social de los jóvenes y la vinculación que éstos toman con el mundo político, activo de la época. Luego se verán enfrentados al Golpe de Estado y a las consecuencias nefastas que este suceso acarreará para ellos y sus familias.

El segundo volumen del libro “El golpe: la dictadura (1973-1989)”, en que trabajamos por éstos días, aborda desde septiembre de 1973 hasta 1989. Se inicia con la partida de la Caravana de la Muerte, a cargo del General Stark, al sur del país, y se adentra en el período más feroz de la dictadura, y el cómo, Julio y Cristián, tomarán distintos caminos de lucha y resistencia, para llegar finalmente al plebiscito de 1988 y el retorno a la democracia. En este segundo volumen, las historias familiares se desarrollan, y las dos familias conocen de cerca la dureza de su tiempo: las desapariciones, el exilio, y la resistencia, a la par que avanza la historia del país.

Los primeros días de enero del año 2013 me contactó Ana María Moraga, editora de Pehuén Editores. Tenía una propuesta de trabajo que hacerme. En el email me contaba a grandes rasgos de qué iba el asunto. Me decía que junto a Sebastián Barros, director de la editorial, estaban pensando desde hace un tiempo hacer una novela gráfica sobre la dictadura. Que en la Feria del libro de Guadalajara habían visto algunos trabajos notables en ese formato literario, que les confirmaron que era el momento de convertir el proyecto en una realidad. 

No necesité más información para aceptar el trabajo, que me pareció interesante desde todo punto de vista, a pesar de que no tenía del todo claro que era una novela gráfica y cuáles eran las reglas formales para trabajar su guión.

En nuestra primera reunión Sebastián y Anita me contaron un poco más sobre el libro que tenían en mente y me mostraron una novela gráfica francesa,  Le carnet de Roger de Florent Silloray, como ejemplo de lo que estábamos buscando crear. Un libro precioso, el testimonio de la deportación de los prisioneros de guerra a los campos de trabajo durante la segunda guerra mundial, en otoño de 1939. Me comentaron también que la motivación inicial del proyecto fue la de Sebastián por contar su historia, la de su padre y de su familia durante la dictadura, pero que esa semilla dio paso a la idea de contar una historia mayor, la historia de una época, de una generación idealista y comprometida, y el choque brutal de ésta con la realidad, con el fin abrupto de un período histórico único en la historia de Chile y el comienzo de la época más oscura del país.

Como primera fase del libro realizamos durante ese verano extensas y emotivas entrevistas a personas que vivieron su juventud en el gobierno de la Unidad Popular y durante la dictadura militar,  buscando fuentes fidedignas y testimonios de primera mano que pudieran alimentar el libro que comenzaba a gestarse. Entre los entrevistados estuvieron Cristián Galaz, Nubia Becker, Osvaldo Torres y Andrea Ugalde, Sebastián Barros y  Marcela López, editora de Pehuén, cuyos testimonios, anécdotas, historias familiares y recuerdos de juventud, me ayudaron de sobremanera a recrear la época y dar forma a los personajes que componían las dos familias ficticias, los Rodríguez y los Quezada, vecinos y amigos de toda la vida, que llevan adelante el peso dramático de la ficción histórica dentro del libro el Golpe. Ficción histórica que se desarrolla a la par de la Historia, de los hechos acontecidos en nuestro país.

De la historia de Sebastián, ligada a la actividad editorial y cultural en Chile con Pehuén Editores, fundada por su padre,  y de su vida familiar y social en tiempos de la dictadura, se conservó una buena parte en el libro, usándola como base para la creación de la familia Rodríguez.

Tanto para la configuración de los miembros de las dos familias, como para los personajes secundarios, obreros, estudiantes y gente común, que dan vida a la cotidianeidad de la época,  fueron fundamentales los testimonios de los entrevistados y la guía de Sebastián, que no sólo me ayudaron a dar vida a los personajes y sus historias, sino también a comprender el pensamiento de una época, su esencia, su espíritu, que tan lejano e incomprensible puede parecer desde el prisma del Chile de hoy.

A partir de esa serie de entrevistas comencé mi trabajo de investigación histórica. Leí unos cuántos libros referentes a la Unidad Popular y la dictadura que había leído como parte de la investigación de mi novela El Cristo Gitano, revisé cientos de testimonios, ocupando como centro de operaciones el Museo de la Memoria y sus archivos. Vi una serie de programas extranjeros de investigación periodística acerca de la dictadura y documentales nacionales relacionados con la época. Entre éstos últimos destaco los enormes documentos históricos que son  las tres partes de “La batalla de Chile”: “La insurrección de la burguesía” (1975), “El golpe de estado” (1976) y “El poder popular” (1979), del cineasta Patricio Guzmán, que se convirtieron en un referente claro del libro, tanto por su contenido como por su estética. “La espiral”, documental realizado por el sociólogo belga Armand Mattelart.  “La ciudad de los fotógrafos”,  de Sebastián Moreno y “Actores secundarios” de Pachy Bustos y Jorge Leiva,  dos documentales notables.



Las entrevistas, la investigación y las conversaciones que tuvimos junto a Anita y Sebastián a partir de ellas, nos confirmaron lo que teníamos claro que queríamos conseguir con el libro: contar la historia desde un punto de vista cercano y no a través del discurso. Mostrar la vida cotidiana de la época desde lo visual y dar a conocer en lenguaje gráfico al mundo juvenil de hoy el período de la Historia de Chile que abarca desde 1973 a1990. Y a través de ello hacernos cargo de una visión de la Historia no contada por los medios de difusión nacional. La historia de la izquierda, encarnada en la historia particular de las dos familias, y la del pueblo de Chile, de la valiente clase obrera de la época,  derrotados y aplastados por la dictadura por luchar por un país más justo.

Una vez levantados los cimientos de la novela gráfica, y terminado su guión, el ilustrador español Kique Palomo se hizo cargo de levantar el mundo de la época por medio del dibujo y la imagen, logrando captar sus escenarios, su esencia y su gente, dándonos por momentos la sensación de estar frente a una película, que narra la historia reciente de nuestro país y de dos familias chilenas de la época.

“El golpe: el pueblo (1970-1973)”, es para mí la historia emotiva y brutal del fin de una idea de país.  La narración paso a paso no sólo de la derrota de un sistema político y social, sino de una visión de mundo que murió con el proceso social y popular encabezado por Salvador Allende. Si a lo largo de la segunda parte del libro los personajes más optimistas se preguntan año a año cuando caerá la dictadura, y el más pesimista, Cristián, asegura que pasarán cincuenta años antes de que las cosas se puedan recomponer, mi visión es que ese paradigma de mundo que se persiguió durante la época no volverá, ni en cincuenta, ni cien años. El Chile presentando en la novela ya no existe. Sin embargo una chispa de ese mundo se ha resistido a morir y vive aún en las luchas estudiantiles y sociales que se están dando en la actualidad. Una pequeña luz de esperanza que conecta nuestro pasado político y social con nuestro presente. Por eso el libro comienza con las manifestaciones estudiantiles de la actualidad y desde ahí se traslada al pasado, porque no se plantea sólo como una novela gráfica que cuenta el pasado de Chile, sino que también busca resignificar lo que vivimos en el presente a través de la revisión de nuestra historia cercana.