Observatorio

Simplemente Marlon

Carol Aragón, actriz


En el documental “Listen to me Marlon”, el director Stevan Riley rescató cintas de audio que el actor Marlon Brando grabó en diversos períodos de su vida, en terapias de Psicoanálisis e Hipnosis, buscando la comprensión de su propia existencia. Este material inédito no solo nos permite ver imágenes emblemáticas de las películas más destacadas del actor, sino que también indaga en su vida personal y nos deja conocer al hombre tras la mítica estrella de Hollywood. El documental busca humanizar la imagen del apesadumbrado y excéntrico actor. Un hombre que escapaba de la formalidad de las estrellas de la época, por su enigmática personalidad, su compromiso con diversas causas y el fallido resguardo de su privacidad.

Marlon Brando es sin lugar a duda uno de los actores más importante de la historia. Un hombre que logró a través del arte de la representación traspasar los límites conocidos hasta el momento de su irrupción en el mundo cinematográfico.  El realismo y la “verdad actoral” fue la técnica que Marlon Brando conoció de Stella Adler, considerada una de las maestras de la interpretación,  quien a su vez fue discípula de Konstantin Stanislavsky, la figura que marca el cambio en las técnicas actorales del siglo XX, y define la actuación como la conocemos hoy.

El actor utilizó sus propias experiencias de vida, tal como le enseño su maestra Adler, para explorar y efervescer en sus personajes más emblemáticos. Nadie nunca más podrá interpretar a Stanley Kowalski como lo hizo él en “Un tranvía llamado deseo”, ni adentrar al espectador la compleja naturaleza del mafioso como lo hizo en “El Padrino”, ni hacernos sentir amor y desesperación como lo hizo en “El último tango en París”.

La vida de Marlon Brando parece un guion de película. Siendo un veinteañero llega a Nueva York sin dinero, ni perspectivas, en una época dura y queriendo actuar. Es la premisa de tantas películas americanas que hemos visto. Pero esta fue la historia real de Marlon Brando. Un niño agobiado por el alcoholismo de su madre y la violencia de su padre. Un pequeño desadaptado que sacaba lleno de vergüenza a su madre de la cárcel. Un adolescente ingobernable  con sueños de ser actor, que años después lograría alcanzar la cima.

Las sombras de la infancia nunca lo abandonarían,  ni siquiera en la cúspide de su carrera, cuando en medio del éxito se sentía agobiado por las luces y buscaba darle un sentido a su vida abrazando causas para que los oprimidos por siglos, fueran libres no sólo por derecho, sino tratando de crear conciencia en su público de que ninguna persona debía sentirse menoscabada por diferencias de raza, color o condición económica. Hoy en día casi todos las estrellas de Hollywood abrazan causas justas. Van con cámaras y mediadores de la ONU a los campos de batalla. Bueno, ya sabemos a quién le copiaron el modelo. La diferencia está en que Marlon no lo hacía como una estrategia de marketing, sino como una necesidad de hacernos entender que el mundo debía repensarse desde el equilibrio y la paz. El máximo exponente del método stanislavskiano en el cine, de insaciable curiosidad por la gente, se pregunta incansablemente: ¿Quiénes somos?  ¿Por qué nos comportamos de la forma en que lo hacemos?

El joven Marlon llega a Nueva York solo y pobre. Inseguro, se sentía poco educado y carente de conocimientos. Cuando era un desconocido estaba obsesionado con observar a la gente en las calles. Decía que todos tienen algo que ocultar y trataba de descubrir lo que era. Entra a estudiar a “La Nueva Escuela”, dirigida por judíos que habían escapado de Europa durante la Segunda Guerra y orientada al desarrollo de diversas ramas. Aquí conoce a Stella Adler, quien descubre su talento y le enseña a ser actor desde la honestidad, afrontando todo aquello que lo atormenta y usándolo como material que impulsaba al representar. Stella Adler lo apadrina, lo lleva a vivir con ella y entrena todas las capacidades actorales que ve en él. Su intensidad actoral sobrepasaba lo conocido.

Marlon Brando nunca fue capaz de socializar de manera “normal” durante su vida, se sentía diferente y rechazado. Una dura relación con un padre golpeador, lo llevó continuamente a rebelarse durante su infancia, generando una personalidad especial.  Este padre fue el que inspiró a Brando para su personaje de Stanley Kowalsky en la película “Un tranvía llamado deseo”, dirigida por Elia Kazán. Sus productores pensaron que el papel lo estaba desequilibrando y debían enviarlo al psiquiatra. Su maestra Stella Adler le pidió que se midiera y manejara sus emociones, que sintiera al 100 por ciento, pero mostrará sólo el 80. El mismo Brando habla de la repulsión que le provocaba su personaje al interpretarlo, pero era su trabajo. Marlon odiaba a su padre y despreciaba profundamente su brutalidad. A pesar de eso se inspiró en sus vivencias junto a él para desarrollar este personaje que por momentos lo tuvo al borde de la locura.

 



Rápidamente Brando se hizo consiente del poder de la cámara. Comprendió que en el cine el rostro es el escenario donde interpretar. Cada gesto emociona al espectador porque se siente cercano al personaje, identificándose en las escenas.

Su maestra Stella Adler estudió con Konstantin Stanislaski en París, adquiriendo el conocimiento sobre “El método”, que busca interpretar desde la verdad, que los impulsos del actor estén dados por sus propias experiencias de vida, para así alcanzar la mayor verosimilitud en el momento en que se ejecuta la escena. Ella perteneció a una familia de actores de origen judío de larga tradición, que fue parte de un importante movimiento cultural compuesto por artistas e intelectuales, impulsado por los judíos que encontraron refugio en los E.E.U.U. durante la Segunda Guerra.

Antes de “El método”, en el cine americano existía una forma establecida de actuar y representar las emociones, lo que hacía predecible cada reacción de un intérprete, generando una forma reconocible que se volvió absurda. Con Marlon Brando aparece una fuerza en la  interpretación proveniente de esta “verdad” emocional que traspasaba la pantalla. Hoy en día conocemos esta técnica de interpretación como “realismo”. Esto se basa en encontrar la verdad en el momento mismo de la actuación. Este estilo cambió la actuación por completo, exigiendo a los actores un compromiso con su oficio. Marlon en la película “Hombres”, interpretaba a un parapléjico. Para su investigación de personaje se internó por 3 meses en un hospital junto a ex soldados de guerra que habían quedado inválidos en combate, tratando de entender como estos hombres asumían su nuevo estado, entrando en un estado mental que les permitía sobrellevar las frustraciones de su nuevo condición física.

En cada personaje Brando busca sorprender al público dejando de lado todo lo establecido o reconocible. En su búsqueda de la verdad guía al público, lo obliga a detenerse y poner atención, a involucrarse en la escena. Brando plantea: El público cumple sus expectativas con el actor que está en la pantalla. El público completa la interpretación del actor porque se siente representado. Sentado en la butaca del cine se sitúa a sí mismo en esas circunstancias de vida, superando las propias frustraciones de una vida ordinaria.

Rápidamente el actor se convierte en el ícono de una época donde la rebeldía aparece como una forma de ser. Brando explota en cada personaje su propia personalidad causando un profundo efecto en sus contemporáneos. Gana su primer Óscar por “La ley del silencio” en 1955 y se transforma en el actor más joven en recibir este galardón.

El éxito lo agobia. Trata de alejarse de todo. Busca su lugar en el mundo. Tahíti despierta su interés a temprana edad, cuando es enviado por su padre a una escuela militar donde no logran dominar su espíritu y menos doblegar su personalidad. Él relata que para evadirse de esto se pasaba largas horas en la biblioteca de la escuela interesado en esa misteriosa isla. Las imágenes de aborígenes de facciones exóticas le parecían casi angelicales. Con la película “Rebelión a bordo” conoce por fin la isla de sus sueños. A pesar de esto las grabaciones fueron un desastre, una mala relación con el director del film  Lewis Milestone,  lo lleva a sentirse utilizado en un rol que según él era banal y sin sentido.

Se enamora de Tahití y compra la isla Tetiaroa, pero él dice que no es una propiedad, sino un pago por el derecho a estar ahí, en este lugar del mundo que le ofrecía paz y tranquilidad, donde él no era una estrella de cine, sino sólo un habitante más.

Con el paso de los años, la banalidad de Hollywood lo lleva a darse cuenta de que todo esto de la actuación es un negocio y nada más. Pierde importancia la actuación en su vida y trata de dejarla, para abocarse de manera más activa a la participación en las causas civiles. Comienza a usar de manera consciente el poder que le da el éxito. Marlon abraza las causas sociales para pelear por la justicia y la igualdad. Primero se suma a Martin Luther King buscando conseguir derechos civiles en la causa racial. Defiende los derechos humanos trabajando para poner en conocimiento de la población civil blanca todos los abusos que se cometen en contra de la población de color. Brando dice: “no peleo por los negros, sino por toda la humanidad”. Fue amenazado debido a ello y temía por su vida.

El supuesto rapto de su hijo Christian, pone al actor nuevamente frente al miedo. Se dijo que este era a causa de su interpretación en “El Padrino”, que la mafia lo habría hecho por venganza. Finalmente su hijo fue encontrado en México en una comunidad hippie donde su madre lo habría escondido para que Brando no lo encontrara, esto en medio de un complejo y odioso divorcio entre la pareja, donde peleaban por la custodia del niño de 13 años.

Sus interpretaciones en “El último tango en Paris” y en “El Padrino” lo pusieron de nuevo en la cima. En 1973, es nominado y recibe el Óscar por su interpretación en “El Padrino”, Óscar que no acepta, enviando en su lugar a la actriz y activista indígena Sacheen Littlefeather, para que explicara las razones de su decisión, argumentando que no aceptaba el galardón por el injusto trato que se le había dado en el mundo del cine a los indígenas americanos, siempre representados como los salvajes enemigos del colonizador, causando daños irreparables a su imagen histórica.

En Apocalipsis Now, junto al director Francis Ford Coppola, se sumergen en mostrar la locura de la guerra. Un Brando que se muestra bestial, imponiendo en su rol una imagen mitológica. Algunos dicen que obligó al director a dar ese enfoque para ocultar su evidente sobrepeso. Luego el director ha declarado la insoportable actitud del actor obligándolo a revisar una y otra vez el guion en una locación infernal en Filipinas, que se encontraba en medio de una guerra civil. Se hace presente la obsesión del actor en su representación que da un sello a la película.

En la década del ’90 la tragedia inunda a su familia, cuando su hijo Christian en medio de una pelea, balea a su cuñado Dag Drollet, esposo de su media hermana Cheyenne. Un par de años más tarde Cheyenne, la hija más querida de Brando, se suicida al no poder superar esta situación. Su hijo Christian es condenado a 10 años de presidio. El actor se cuestiona y termina dándose cuenta que a pesar de sus esfuerzos no ha logrado la consigna que se impuso al nacer su primer hijo Christian, ser distinto a su padre. En “Listen to me Marlon” habla sobre su propio sino del que no puede evadirse, de ese origen trágico del que no logró liberarse pues era arrastrado en su familia por generaciones. Años de psicoanálisis y terapias de hipnosis no le dieron la tan anhelada calma y tranquilidad a Brando. Finalmente el mismo reflexiona que todas las respuestas solo podía buscarlas en sí mismo. Dice: “La vida es un ensayo. La vida es una improvisación”, y que si después de muerto despertara se diría a sí mismo “hazlo de nuevo, hazlo de otra forma”.

Marlon Brando falleció el 1 de julio de 2004 en , a los 80 años a consecuencia de una fibrosis pulmonar dejando un innegable legado a la humanidad.