Observatorio

Una historia sencilla de Leila Guerriero

Daniel Valdivieso, integrante de historiaycultura.

Tal como dice su nombre, la crónica de la periodista argentina Leila Guerriero cuenta una historia sencilla. Sencilla, pero no por ello menos interesante, y a ratos, sorprendente.

Todo comienza los primeros días del año 2009 con un artículo del diario argentino La Nación, referido al Festival de Malambo de Laborde titulado “Los atletas del folklore ya están listos”, de Gabriel Plaza, y que incluye unas líneas que llamaron la atención de la autora: “Considerados un cuerpo de élite dentro de las danzas folklóricas, los campeones caminan por las calles de Laborde con el respeto que despertaban los héroes deportivos de la antigua Grecia.” 

La periodista recorta el artículo y lo guarda durante largo tiempo, como un recordatorio de que debe ver con sus propios ojos ese festival que parece arrancado del pasado y que ocurre una vez al año en un pueblo ignoto de la pampa, cuyo nombre nunca ha escuchado hasta leer el artículo. Dos años después, a comienzos del 2011, Leila Guerriero parte hacia Laborde, pueblo de seis mil habitantes, para asistir al Festival Nacional de Malambo de Laborde, donde durante seis días se efectúa la prestigiosa y temible competencia de baile.
           
El malambo es un baile tradicional entre los gauchos argentinos. Es estrictamente masculino, y consistente en un zapateo sostenido que para ser ejecutado en un alto nivel exige gran habilidad y una preparación atlética descomunal.
           
Conocido como la Meca del malambo, en Laborde se realiza este festival desde 1966. En él, el malambo se conserva en su forma más pura, y en pos de ello los responsables del festival han sido reacios a dar el giro comercial que sí han dado la gran mayoría de los festivales de bailes folklóricos en Argentina. De ahí su renuencia a adaptarse a un show más vistoso en el que pudiera estar involucrada la televisión.
           
El reglamento del certamen rechaza cualquier tipo de vanguardia, y el jurado busca folklore sin elementos de modernidad. Los participantes deben respetar la vestimenta de la época, los instrumentos de acompañamiento deben ser acústicos, y sobre el escenario no deben verse piercing, anillos, tatuajes o escotes exagerados.
           
Pero si  el reglamento escrito del festival es estricto en cuánto a conservar la tradición más pura del malambo, el reglamento no escrito que rige el certamen lo es aún más respecto de sus competidores: “Para preservar el prestigio del festival, y reafirmar su carácter de competencia máxima, los campeones de Laborde mantienen, desde el año 1966, un pacto tácito que dice que, aunque pueden hacerlo en otros rubros, jamás volverán a competir ni en ese ni en otros festivales, en una categoría de malambo solista. Un quebrantamiento de esa regla no escrita –hubo dos o tres excepciones– se paga con el repudio de sus pares. Así, el malambo con el que un hombre gana es, también, uno de los últimos malambos de su vida: ser campeón de Laborde es, al mismo tiempo, la cúspide y el fin” 
           
La gran pregunta con que llega Leila Guerriero al Festival Nacional de Malambo de Laborde está relacionada con ésta regla no escrita del festival: ¿Por qué esos hijos de familias humildes gastan dinero y tiempo entrenándose durante años en extenuantes jornadas para obtener un título que resulta ser, al mismo tiempo, el cenit de sus carreras de bailadores y al mismo tiempo su fin?
           
A poco de haber llegado, y después de conocer y entrevistar a unos cuántos participantes en la prueba principal de malambo, la periodista ve a un bailarín cuyo malambo la deja paralizada. Al instante se da cuenta de que es la historia de ese hombre, Rodolfo González Alcántara, la que quiere contar. Desde ese momento, comienza a seguirlo como una sombra, y replantea por completo su misión en el festival: se hace cargo íntegramente de la historia de Rodolfo y su participación en lo que resta del Festival Nacional de Malambo de Laborde 2011.

Durante el año siguiente Leila Guerriero se reúne periódicamente a conversar con el bailador. Se sumerge por completo en la narración de las vicisitudes que vive González Alcántara en el Festival Nacional de Malambo del 2012, construyendo una crónica fluida y llena de imágenes. Por momentos, da la sensación de que no estamos leyendo un libro, sino viendo un documental repleto de suspenso, con personajes que dan cuenta del pasado humilde y esforzado que existe detrás de cada uno de los bailadores de malambo.

Rodolfo González Alcántara www.revistasole.com

Así conocemos, por ejemplo, cómo los padres del participante, al no tener dinero para pagar el hospedaje, alquilan un bus donde viven y duermen durante los días del festival.
           
Vale la pena acompañar a Leila Guerriero a responder esa pregunta inicial, la que motiva su llegada al Festival Nacional de Malambo de Laborde. Se va despejando a través de la lectura de esta crónica ágil y certera, donde se narra la epopeya de un hombre de un pueblo ignoto de la pampa, cuyo nombre usted seguramente nunca habrá escuchado hasta no leer Una historia sencilla.