Observatorio

La memoria que nos une

Biblioteca y nación, una historia en común.

Redactó Francisca Leiva, Magister en Historia, PUC., Chile

“Ciudadanos de Chile: al presentarse un extranjero en el país que le es desconocido forma la idea de su ilustración por las bibliotecas y demás institutos literarios que contiene; y el primer paso que dan los pueblos para ser sabios, es proporcionarse grandes bibliotecas”(1). Este primer paso, dado el 19 de agosto de 1813, fue el inicio de una historia que el año recién pasado cumplió dos siglos desde que se propuso a la Biblioteca Nacional como uno de los establecimientos que darían forma al ideal republicano que se iniciaba con los primeros intentos de formar una institucionalidad independiente.

La conmemoración del bicentenario de la Biblioteca Nacional fue la celebración de la consolidación de un proyecto que supo responder y sobreponerse a los diversos contextos que impusieron grandes desafíos y que tras un largo trayecto de esfuerzos, tanto gubernamentales como institucionales y particulares, formaron un espacio cuya historia y memoria es también un testimonio de los doscientos años del Chile independiente. Y esto es precisamente lo que se propone en La memoria que nos une, publicación, que junto a una exposición que reúne documentos, imágenes y material audiovisual, presenta la evolución de este establecimiento que es caracterizado como la primera institución cultural republicana, cuya principal misión es conservar el acervo de nuestra historia naciona.l(2)

La primera parte del recorrido por esta historia en común entre nación y biblioteca, transita entre los primero cien años de su existencia, período en el que se propone al establecimiento como un espejo de la sociedad chilena decimonónica.

La  influencia del pensamiento ilustrado en quienes encabezaron los proyectos republicanos de principios de siglo, es una de las aristas mediante la cuales se vincula a la biblioteca, tanto con el momento coyuntural, como con aquellos procesos de más largo alcance, pretendiendo demostrar que lecturas como El contrato social fueron más que un simple ejemplar circulando entre la elite de finales del siglo XVIII. Muy por el contrario, las luces de la ilustración son presentadas como parte del origen de los movimientos que transformarían la realidad y darían pie al surgimiento de iniciativas como la fundación de la Biblioteca Nacional.

Otro aspecto que se destaca dentro de este primer momento de historia, es el aporte de la biblioteca en el desarrollo científico del país, tanto por su papel en la conservación del material recopilado, como por ser el espacio al que recurrieron los grandes exponentes del estudio de la naturaleza. Nombres como Claudio Gay, Ignacio Domeyko y José Amado Pissis, son algunos de los acudieron a la biblioteca como único lugar con el acervo bibliográfico que les permitía formarse una idea de las diversas temáticas a las cuales consagraban sus investigaciones, y fueron estos mismos hombres, entre muchos otros, los que luego de realizar arduos trabajos de campo, depositaron en los anaqueles del establecimiento los resultados de sus esfuerzos, materiales y conocimiento que conservan su importancia hasta la actualidad. 

Pero este primer siglo de historia, en el cual los esfuerzos apuntaron a incrementar el número de ejemplares y consolidar a la institución como un espacio para el cultivo de las artes, las letras y las ciencias, también fue eco de una sociedad marcada por la segregación, en la cual aspectos como la educación y la lectura eran considerados un privilegio de pocos, quedando marginado un gran porcentaje de la población y para quienes la biblioteca era un territorio absolutamente desconocido. Es por esta razón, que La memoria que nos une plantea al siglo XX como la etapa de la democratización del conocimiento, pero entendido como un proceso gradual, marcado por las singularidades de los procesos históricos que involucraron a todas las esferas de la sociedad.

Esta paulatina democratización está ejemplificada en el libro a partir de la inclusión de nuevos actores y su activa participación en nuevos contextos sociales, reflejado también dentro de la propia Biblioteca Nacional. El surgimiento de la lira popular, la literatura obrera, expresión manifiesta de la cuestión social y el papel de la mujer en la sociedad chilena, fueron algunos de los aspectos que demostraron que la exclusividad que había dominado el siglo XIX, poco a poco abría espacios para escuchar la voz de los que habían permanecido por largo tiempo en silencio, nuevos planteamientos que también hacían cuestionar sobre el verdadero papel de la biblioteca como institución pública.

Pero así como la inclusión social tuvo consecuencias positivas en la Biblioteca Nacional, el siglo XX traía consigo circunstancias que afectarían al país de forma transversal. El Golpe de Estado de 1973, que es tratado en el apartado “Relatos de la memoria y el olvido”(3), muestra a la institución como depositaria del material producido para contrarrestar de alguna forma los vejámenes de la dictadura. Si bien en una primera instancia, tal como se señala, la biblioteca sufrió un ataque directo, materializado en el retiro forzoso de todo aquel material considerado como subversivo, poco a poco esto fue contrarrestado con la reintegración de los textos y con la apertura de nuevos espacio para que producciones literarias, musicales, historiográficas, etc. pudiesen ser parte en la construcción de la memoria del país, dando cuenta nuevamente del papel activo de la biblioteca como depositaria y conservadora de valiosos testimonios de los momentos más oscuros de nuestra historia nacional.

Finalmente, La memoria que nos une, es el reconocimiento de la Biblioteca Nacional como una institución partícipe de historia del país, tal como lo plantea su subdirectora, Ana Tironi, en la celebración del bicentenario se han logrado eliminar los muros entre la institución y la sociedad y se han abierto nuevos al espacio al dialogo, para poder cumplir de la mejor forma los tres desafíos que se plantean hacia el futuro: el acopio, el acceso y la comunidad, para lo cual, iniciativas como  Memoria Chilena resultan fundamentales como una respuesta a los nuevos tiempos y nuevas tecnologías. La Biblioteca Nacional se proyecta hacia el siglo XXI como una institución dinámica, que se reinventa para seguir siendo el lugar en donde confluye la memoria que nos une como sociedad.

1. En El Monitor Araucano, Jueves, 19 de Agosto de 1813.
2. La Memoria que nos une: 200 años de la Biblioteca Nacional de Chile, Santiago, Chile,  DIBAM, 2013.
3. La memoria que nos une: 200 años Biblioteca Nacional de Chile, Santiago: DIBAM, 2013,  p. 161.