Observatorio

Bitácora de Días australes

Redactó Daniel Valdivieso, integrante del equipo historiaycultura.cl

Hasta este verano, no conocía prácticamente nada de la Carretera Austral. Había visto fotografías y sabía de su aislamiento geográfico y de la dureza de sus caminos; sabía que había terminado de ser construida durante el régimen militar para reforzar la soberanía chilena en la región, y había escuchado, como todo el mundo, que se trataba de uno de los lugares más despampanantes de Chile. Sin embargo, a pesar de las fotografías y los relatos, en mi cabeza no conseguía configurarse la idea de la Carretera Austral como un todo; carecía de una imagen mental de lo que podía ser. La verdad es que no tenía mayor esperanza de conocerla, hasta que este verano recibí una invitación de mis padres para recorrerla con ellos.

La Carretera Austral (Ruta CH-7), une los 1240 kilómetros que separan la ciudad de Puerto Montt de Villa O'Higgins, aunque el proyecto es que a futuro llegue hasta Puerto Williams. Debido a lo accidentado de su geografía, la construcción de la Carretera Austral está en permanente reparación, aun cuando la mayor parte de sus tramos están operativos.

Desde el comienzo tuve la sensación no sólo de estar realizado un viaje territorial, sino también en el tiempo. No al pasado, sino hacia un tiempo paralelo. El tiempo del turista, el tiempo del que deja atrás su ciudad y suspende sus obligaciones con una sola misión: conocer e intentar absorber una parte, por ínfima que sea, de lo que pase frente a sus ojos.

El viaje comenzó con el aterrizaje en el pequeño poblado de Balmaceda. Luego viajamos hasta Coyahique, capital y principal núcleo urbano de la Región de Aysén, donde vimos el mítico Río Simpson, dormimos una noche y tomamos la Carretera Austral hacia el norte,  en dirección a Puyuhuapi.

Ese primer tramo fue un excelente apronte  para comenzar a entender la Carretera Austral: el asfalto dio paso a la tierra, y el maicillo y las calaminas saltaron bajo las ruedas mientras la camioneta avanzaba rodeada por tupidos bosques que colgaban desde los bordes de la ruta. Por momentos, el camino se estrechaba tanto que los autos que se cruzaban en el camino debían pegarse a los matorrales de las orillas, todo en medio de impresionantes vistas a las montañas y a los ríos Simpson y Mañiguales.

En el trayecto conversamos sobre la increíble belleza del camino y lo difícil que debe haber sido abrirlo en medio de esa verdadera selva húmeda, tupida y cerrada como la roca. Supusimos que el trabajo debió haber sido hecho con la utilización de explosivos.  Ese primer tramo de 222 kilómetros lo hicimos en seis horas, casi el triple de lo que habríamos demorado en igual cantidad de kilómetros en una ruta normal.

A saltos, sorteando los hoyos del camino, llegamos a Puerto Puyuhapi, fundado en 1935 por un grupo de aventureros alemanes liderados por el empresario Robert Uebel. Con la ayuda del explorador Augusto Grosse, fundaron la ciudad con el anhelo de forjar una vida mejor y alejarse del fantasma de una nueva guerra. Allí conocimos el trabajo de realización de alfombras  y disfrutamos de las termas, donde compartimos con otros turistas, en su mayoría de la región, que nos contarnos sobre lugares atractivos de la zona y nos dieron consejos de viaje.

En el trayecto hacia Puyuhuapi nos detuvimos a orillas del Río Cisne para observar detenidamente La piedra del Gato, un acantilado granítico que constituyó uno de los más serios escollos en la primera etapa de la construcción de la Carretera Austral. Ahí, a los pies del enorme acantilado, estaban las animitas de los soldados que murieron cumpliendo labores de construcción.

Ya en Puyuhuapi, visitamos el Parque Nacional Queulat y sus senderos, El Bosque Encantado y El Ventisquero Colgante, donde pudimos apreciar en todo su esplendor esa belleza agresiva y sobrecargada de los bosques tupidos, ríos torrentosos, lagos de colores surrealistas y hielos eternos en las cimas de las montañas.

Pasamos una noche en Coyahique y tomamos la Carretera Austral en dirección sur hacia Puerto Tranquilo, trayecto en el que nos encontramos por primera vez con la imponente vista del Cerro Castillo y el colosal Lago General Carrera.

Desde el pueblo vistamos la Catedral de Mármol, las Capillas de Mármol y la Caverna de Mármol, grupo de islotes ubicados en la costa del lago General Carrera. Se trata de formaciones minerales de carbonato de calcio, que  erosionadas por las aguas durante miles de años, fueron  creando estas formaciones en su interior. Cuando el lago se encuentra en un nivel bajo, pueden recorrerse en pequeñas embarcaciones.

Fuimos también al Glaciar Exploradores, que es la entrada noreste a Campo de Hielo Norte. Allí, frente al mirador del glaciar, y con una vista privilegiada del Río Exploradores a nuestras espaldas, hablamos de la increíble belleza del viaje. No sólo de los grandes íconos naturales de la Carretera Austral, sino también de los caminos. De la sensación de que era imposible absorber toda la magnitud de la belleza que enfrentábamos en cada kilómetro que recorríamos.

Esa sensación la tuvimos también al estar frente a la confluencia de los ríos Baker y Neff, y después de bordear el lago Bertrand y el Río Bertrand, ambos de aguas color turquesa. Mirando hipnotizados el furioso movimiento de las caídas de agua, era imposible no recordar la amenaza de las hidroeléctricas, ya que precisamente la confluencia de ambos ríos es una de las zonas apetecidas por los proyectos de represas en la zona.

Desde Puerto Tranquilo partimos a Caleta Tortel, el poblado más austral de la Región de Aysén, cuya infinidad de islas y canales recorrieron desde tiempos inmemoriales los nómades canoeros Kawesqar, hoy prácticamente extintos. Su geografía y estructura urbana, constituida por una gran red de pasarelas construidas en ciprés que remplazan posibles calles, confirman la impresión de que uno se encuentra en un lugar único en el mundo.

Desde ahí partimos en navegación a La isla de los Muertos. Ubicada en el delta del Río Baker y Monumento Histórico, alberga un cementerio compuesto por una treintena de cruces cubiertas de musgo, corroídas por los vientos australes. Allí se encuentran los cuerpos de una parte de los más de ciento veinte obreros chilotes que, contratados por la Compañía Explotadora del Baker, zarparon en septiembre de 1905 a bordo del vapor Dalcahue para explotar los bosques de ciprés. Conocimos también las polémicas historias que se cuentan sobre sus muertes.

Desde Tortel seguimos hacia Cochrane, donde visitamos el Parque Nacional Tamango, conocido por la presencia de huemules, a los que no tuvimos la suerte de ver. Luego seguimos camino a Chile Chico a través de una ruta conocida por su peligrosidad, pues bordea el lago General Carrera desde lo alto. Rodeada por acantilados sin protección,  cruzamos el mítico Paso de las Llaves (donde San Pedro te entrega las llaves antes de que partas al cielo) y La Garganta del Diablo.

En ese camino, y habiendo sufrido nuestra tercera pana, debimos dejar la camioneta tirada a un lado de la ruta. Una piedra nos rompió la manguera de la bencina, por lo que debimos tomar las maletas y procurar llegar a algún destino antes de que la noche nos encontrara en la mitad del Camino de la Muerte. La suerte estuvo de nuestro lado y minutos después dos mineros que volvían de Coyhaique a cumplir faenas en la Minera Cerro Bayo nos recogieron. A salvo y con nuestras maletas a cuestas pudimos disfrutar del maravilloso paisaje sabiendo que llegaríamos a Chile Chico, y de paso, nos enteramos del avance de la minería en la zona.

Aunque después de Chile Chico partimos a Puerto Ibañez y luego a Balmaceda, para mí el viaje terminó en ese camino entre Cochrane y Chile Chico, con las vistas maravillosas del Lago General Carrera, con la voz de mi vieja querida conversando con los obreros de los más variados temas, con la confesión de mi viejo que me decía con felicidad y mirada de niño “Si no hubiéramos tenido esas tres panas me habría perdido el paisaje por ir manejando. Es impresionante”. Yo sentía lo mismo. Tenía la sensación de estar mirando lugares únicos y mágicos.  Lugares que espero volver a ver pronto y que ruego porque sigan siendo los mismos.