El General José de San Martín es indudablemente uno de los personajes más importantes de la historia de Sudamérica en el siglo XIX. Figura central de las guerras de independencia en el Cono Sur, especialmente en Argentina, Perú y Chile, tiene un lugar asegurado entre los grandes revolucionarios latinoamericanos, junto a Simón Bolívar, Bernardo O’Higgins, José Artigas, y otros.

Sin embargo, sus últimos años no fueron una época fácil para el gran libertador. Expulsado de su patria por las disputas internas posteriores a la declaración de la independencia, murió en el exilio, en Francia.

Llegada a Buenos Aires

Después de la larga campaña independentista, donde fue nombrado Protector del Perú después de proclamada la independencia, San Martín volvió a Buenos Aires en el año 1823 para reencontrarse con su hija y su esposa, Remedios de Escalada, quien se encontraba muy enferma. Al llegar a la ciudad, ésta última ya había fallecido.

Luego de enterrar a su esposa, San Martín entendió que la situación política no lo favorecía. La creciente confrontación entre las facciones que más tarde serían conocidas como “unitarios” y “federales” hacía de Buenos Aires un terreno muy inestable. San Martín había prestado su apoyo a algunos de los caudillos regionales y era visto como un traidor por muchos en el bando unitario.

Exilio a Francia

En el año 1824 decide marcharse a Francia, perseguido por la creciente inestabilidad política. Se instala en París después de probar suerte en algunas otras ciudades europeas. Durante los años siguientes intentó volver a Buenos Aires para tomar parte de las guerras internas que asolaban a la región, pero su frustración con la situación política lo llevó a exiliarse definitivamente.

Después de vivir en París y en diferentes regiones de Francia, finalmente se instaló en la pequeña localidad de Boulogne-Sur-Mer, donde falleció el 17 de agosto de 1850, a los 72 años de edad, acompañado por su hija Mercedes.